Durante las últimas tres semanas, los debates y confrontaciones se han intensificado, especialmente a raíz del cese de hostilidades, según lo destacó Financial Times.
Desde hace casi cuatro décadas, Ali Khamenei ha ejercido un control significativo sobre la élite gobernante iraní, pero su reciente fallecimiento en ataques bélicos ha desatado una lucha de poder sin precedentes. Esta situación se ve agravada por la falta de apariciones públicas del nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtaba Khamenei, quien, al igual que su predecesor, resultó herido durante la escalada del conflicto iniciado el 28 de febrero.
El conflicto dinástico y la incertidumbre sobre la verdadera cadena de mando han aumentado la fragmentación interna del país, en contraste con la aparente unidad mostrada ante las agresiones extranjeras, tal como observa Financial Times.
El último periodo de máxima coordinación en la política exterior iraní se remonta al tiempo previo al último alto el fuego. La atención ahora se centra en la figura del presidente del parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien a inicios de mes llevó a cabo una misión negociadora en Pakistán junto al vicepresidente estadounidense JD Vance. Miembros del influyente bloque ultraconservador Paydari, incluido el parlamentario Mahmoud Nabavian, que acompañó el viaje, han criticado al equipo negociador, acusándolo de desviar la rumbo establecido por el nuevo líder supremo.
Esta facción ha exigido la ruptura total de cualquier diálogo con Washington, considerando las negociaciones en curso sobre el programa nuclear iraní como un “error estratégico”. Ali Khezrian, diputado de esta tendencia radical, reiteró en una transmisión televisiva que el líder supremo no apoya continuar con las conversaciones.
A pesar de que el lunes un sólido grupo de 261 diputados respaldó a Ghalibaf y a los negociadores, los líderes del bloque Paydari se abstuvieron de firmar el documento que expresa dicha aprobación. Por su parte, el medio Nournews, vinculado a los servicios de seguridad, advirtió que la situación actual representa “quizás el momento más delicado de la historia” de Irán, apelando a la necesidad de una “sola voz” nacional.
La crisis se acentuó tras el fracaso de la segunda ronda de diálogos planeada en Pakistán, donde Irán condicionó la reanudación del diálogo a que Estados Unidos levante el bloqueo sobre el estrecho de Ormuz.
El régimen iraní se ha visto forzado a ajustar su equilibrio de poder después del asesinato de Ali Khamenei durante los recientes bombardeos estadounidenses e israelíes. La inesperada desaparición de una figura que había liderado la contención de crisis internas durante casi 40 años ha dejado a una nueva generación de líderes ante la más profunda crisis que enfrenta la república islámica, según detalla Financial Times.