No se escucharon voces prominentes tras la derrota. Ni los jugadores, ni el cuerpo técnico, ni los directivos se manifestaron. Coudet, además de no ofrecer declaraciones a la prensa, omitió recoger su medalla como subcampeón y fue informado por el árbitro Yael Falcón Pérez de su comportamiento tras el pitido final. “Ladrón, ladrón. Me robaron la tercera final en esta cancha”, gritó el DT dirigido al árbitro en su camino a los vestuarios, en referencia a las anteriores finales perdidas en Rosario Central. Su expulsión podría acarrear una sanción de al menos cuatro partidos por parte del Tribunal de Disciplina.
La frustración llevó a Coudet a perder la calma, convirtiéndose en el principal afectado de la final. A pesar de ser un nuevo tropiezo para un conjunto que ha sido señalado por su falta de rendimiento y errores en encuentros cruciales, el entrenador había generado optimismo y se enfrentaba a una oportunidad que no supo capitalizar. La frase motivacional que había utilizado antes de los playoffs: “Que la ambición de ganar supere al miedo a perder”, contrastó con la apática actuación del equipo en Córdoba.
River nunca logró sentirse como un campeón. La falta de juego ofensivo se hizo evidente frente a Belgrano, ya que no generó oportunidades claras más allá de sus goles, gracias a la conexión entre Tomás Galván y Facundo Colidio. Las actuaciones sobresalientes previas contra Gimnasia y Rosario Central fueron solo un espejismo en el contexto del partido en Córdoba.
El equipo llegó al límite físico, sufriendo ausencias importantes, y su enfoque fue mucho más cauto de lo esperado. Coudet demoró su primera sustitución hasta los 70 minutos, algo inusual en su trayectoria al mando de River. La salida de Marcos Acuña por una contractura muscular llevó a la entrada de Germán Pezzella, pero su alineación generó complicaciones que terminaron en errores decisivos.
A medida que el partido avanzaba, la necesidad de refrescar el mediocampo se volvió urgente, pero solo se hizo un cambio con el empate a cuestas. Juanfer Quintero entró al campo al minuto 89, luchando por revertir una situación crítica, mientras que Maxi Salas y Kendry Páez también hicieron su ingreso tardío. En el departamento médico del club se aclaró que Quintero no presenta lesión y está en condiciones de jugar.
Coudet ha tenido el mérito de revitalizar a un plantel que sufrió profundamente la salida de Marcelo Gallardo. Sin embargo, en este encuentro se enfrentó a críticas sobre su manejo estratégico, justo cuando el rendimiento ya no acompañaba sus decisiones. Ahora debe mirar hacia el futuro con la intención de hacer ajustes quirúrgicos en su plantilla, considerando la incorporación de jugadores que se alineen con el estilo de juego que busca implementar. Las evaluaciones de quienes podrían entrar en una lista de transferibles prometen generar cambios significativos.
Luego de este desalentador capítulo, el equipo regresó a Buenos Aires, donde realizará su penúltimo entrenamiento antes del último compromiso del semestre. Este miércoles, se enfrentarán a Blooming en el Monumental, donde solo requieren un punto para asegurar el primer lugar en el Grupo H, pero con una victoria se posicionarían mejor para los octavos de final de la Copa Sudamericana. Lo que se esperaba como una noche de celebraciones se transformará ahora en una nueva prueba para los seguidores de River.