A pesar de esta mejoría, Argentina se encuentra aún dos escalones por debajo del umbral que define el “grado de inversión”, es decir, aquellos emisores de deuda considerados de muy bajo riesgo de default. Javier Milei ha manifestado en múltiples ocasiones que este es el objetivo al que aspira el Gobierno.
Si bien la calificadora reconoce el progreso logrado por la administración actual, subraya que es necesario consolidar este avance y complementarlo con medidas adicionales para ingresar en este exclusivo grupo. Todd Martínez, director senior y co-líder del Sovereign Group Latam de Fitch, destacó cuatro desafíos clave que debe afrontar el país para alcanzar el grado de inversión.
El analista apuntó que el principal factor que afecta la calificación argentina es la cantidad y cobertura de reservas. Explicó que este indicador es insuficiente no solo en relación al PIB, sino también considerando los vencimientos próximos. “La Argentina encontró los dólares para cubrir su deuda a través de la amnistía tributaria, el FMI o préstamos multilaterales, lo cual fue suficiente para un upgrade a ‘CCC+’. Pero para aspirar a la siguiente categoría, no solo queríamos ver al Gobierno sacando conejos de la galera para abonar la deuda: anhelábamos más previsibilidad y, por ello, ver una acumulación de reservas”, indicó Martínez.
“Finalmente, eso es lo que estamos observando este año, y fue clave para nuestra calificación”, añadió. Complementó que “vemos que el Gobierno está en un camino hacia el cumplimiento de sus metas con el FMI. Sin lugar a dudas, ese fue el aspecto más crucial para la mejora de la calificación”.
Además, el analista consideró esencial que Argentina demuestre un acceso adecuado a financiamiento o flexibilidad financiera. Si bien el Gobierno decidió no ingresar al mercado internacional, las emisiones en dólares a nivel local han sido bien recibidas.
“Todavía no hemos despejado el 100% de los vencimientos de 2027, pero confiamos en que el Gobierno será proactivo en identificar fuentes de financiamiento para que, antes de esos vencimientos, no queden dudas sobre la procedencia de los dólares destinados a cubrirlos. En caso de un shock, el Gobierno tiene reservas que podría utilizar para saldar esa deuda, aunque no sería la situación más favorable”, puntualizó Martínez.
Para continuar mejorando la calificación, el analista recalcó la importancia de que Argentina prosiga con la reconstrucción de reservas, idealmente mediante diversificación de recursos financieros. “Debemos dejar de tener incertidumbres sobre la procedencia de los dólares”, resumió, añadiendo la necesidad de profundizar en el proceso de desinflación y estabilización macroeconómica.
Martínez agregó que Fitch estará atenta a cualquier presión en el tipo de cambio durante el próximo año y a cómo responderá el Gobierno: si optará por intervenir para estabilizar el dólar y utilizar reservas, o permitirá que flote.
“Si se produce un shock severo que lleve al tipo de cambio a su límite, tendrían que vender dólares, lo que sería un escenario muy adverso; sin embargo, lo positivo es que se han cambiado las bandas y hay mayor flexibilidad”, observó.
Otro aspecto importante mencionado fue la necesidad de estabilizar la demanda de pesos. “El crecimiento del crédito en pesos se ha estancado y está en declive. Esto indica que no hay intermediación y, por ende, la demanda de pesos no está en aumento. Esto sería ideal para Argentina: si hay más demanda de pesos, el Gobierno podría acumular reservas sin necesidad de esterilización”, afirmó.
El siguiente desafío que destacó Martínez fue el crecimiento económico. Se anticipa que la economía seguirá mostrando datos positivos, aunque las preocupaciones sobre su composición son evidentes, dado que se centra en ciertos sectores primarios y no en aquellos que son intensivos en mano de obra.
“Consideramos que, por un lado, esta composición es algo muy positivo, ya que finalmente hay un crecimiento focalizado en la inversión y en sectores generadores de dólares”, observó el analista. Sin embargo, admitió: “Lo difícil es que la sociedad no percibe ese crecimiento. Los salarios y pensiones reales no han recuperado los niveles de 2022, por ejemplo, y existe morosidad en el sector bancario, que ha planteado un problema”.
El último desafío mencionado se refiere al riesgo político. Para Fitch, este aspecto es relevante en el contexto argentino, dado que el mercado es particularmente sensible a esta cuestión. Esto influye en las tasas y en las posibilidades de financiamiento de las empresas, entre otros factores.
“Para considerar una mejora en la calificación de Argentina, no depende únicamente de la aprobación de Javier Milei. Deseamos observar varios ciclos electorales en los que, aunque podrían surgir diferencias en las políticas, haya un consenso básico sobre el rumbo del país”, explicó Martínez.
“Para realmente elevar la calificación y alcanzar el grado de inversión, probablemente deberán transcurrir varios ciclos electorales para que haya confianza en que las elecciones no afecten significativamente los fundamentos económicos y las políticas esenciales. Y esto requiere tiempo”, concluyó.
No obstante, advirtió que es posible que la calificación mejore antes de que se completen varios ciclos electorales.