La razón es sencilla: se incrementa el riesgo de contaminación cruzada. La carne puede liberar jugos que contienen bacterias como Salmonella o E. coli, las cuales tienen el potencial de contaminar otros alimentos.
Cuando la carne se sitúa en los estantes superiores, es posible que sus líquidos goteen sobre otros productos, especialmente aquellos que no se cocinan antes de su consumo, como frutas, verduras, lácteos o comidas ya preparadas.
Esta situación puede aumentar el riesgo de contaminación bacteriana, poniendo en peligro la seguridad alimentaria en el hogar y contribuyendo a la aparición de enfermedades transmitidas por alimentos.
Otro error común es guardar la carne en bolsas abiertas o envases que no estén bien cerrados, lo cual facilita la propagación de olores, la pérdida de frío y el contacto con otros alimentos en la heladera.
Por este motivo, los especialistas sugieren mantener la carne refrigerada a temperaturas inferiores a 5 °C y conservarla en recipientes herméticos o bandejas diseñadas para este fin.
El estante inferior es el lugar más apropiado para almacenar carne en la heladera, idealmente dentro de un recipiente hermético o en una bandeja que evite el derrame de líquidos.
Almacenar la carne en esta área ofrece dos beneficios principales: si no se va a consumir en los próximos días, se aconseja congelarla para extenders su duración.