El ministro de Hacienda brasileño, Dario Durigan, ha alzado la voz contra las recientes medidas arancelarias impuestas por el gobierno estadounidense. En declaraciones a Radio Jornal, el funcionario calificó de “injerencia externa” la política de la administración de Donald Trump, que la semana pasada aplicó un gravamen del 25% a diversos productos brasileños bajo el argumento de “prácticas comerciales desleales”. A esta carga se sumó un recargo adicional del 12,5% justificado por alegaciones sobre trabajo forzoso, elevando la presión sobre el sector exportador.
Durigan ha manifestado su intención de entablar un diálogo directo con el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, para refutar estos argumentos y defender la posición nacional. Pese a que el ministro no ocultó su descontento, tildando de “absurdas” las imposiciones, subrayó el compromiso del país de no abandonar la mesa de negociaciones.
Las cifras oficiales revelan la magnitud del desafío: se estima que las nuevas barreras afectarán al 23,1% del total de las exportaciones brasileñas. Dentro de este segmento, un 16,5% deberá afrontar una tasa combinada del 37,5%, una cifra que preocupa a los sectores productivos.
Más allá del plano económico, el conflicto tiene una marcada impronta política. El gobierno de Lula da Silva ha vinculado esta disputa con el agitado calendario electoral que culminará en octubre. Durigan señaló a sectores de la oposición de derecha, específicamente al grupo que sigue al senador Flavio Bolsonaro —principal contendiente en los próximos comicios—, acusándolos de coordinar esfuerzos con actores extranjeros para generar presión externa contra la administración actual.