Persistencia estatal y la cuarta subasta
El próximo 20 de agosto de 2026 a las 14 horas, la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) llevará a cabo el cuarto intento de subasta del predio ubicado en Francisco Acuña de Figueroa 981. Esta nueva convocatoria evidencia una marcada persistencia del Estado nacional por desprenderse del activo, a pesar de que los tres procesos anteriores (septiembre y noviembre de 2025, y una instancia posterior) resultaron fallidos. La falta de interesados en las licitaciones previas no ha frenado el ímpetu recaudatorio, manteniendo el inmueble en el mercado inmobiliario a pesar del evidente desinterés del sector privado bajo las condiciones actuales.
La erosión del valor
La estrategia financiera de la AABE ha consistido en una agresiva reducción del precio base para incentivar la compra. Iniciando con una tasación de u$s 472.982, el valor ha descendido progresivamente hasta alcanzar los u$s 381.690 actuales. Esta rebaja, que representa casi un 20% de caída respecto al precio original, refleja una clara dificultad del mercado para asimilar el predio de 230 metros cuadrados. Esta situación puede atribuirse a diversos factores: desde la propia dinámica del mercado inmobiliario en Almagro hasta el riesgo percibido por los inversores ante el creciente conflicto social y la presión vecinal que rodea al lote.
Ecosistema espontáneo y urgencia comunitaria
Lo que el Estado cataloga como un terreno “baldiío con malezas”, los vecinos lo identifican como un tesoro ecológico. Durante décadas de abandono, el predio ha desarrollado un ecosistema espontáneo que alberga cerca de 300 especies vegetales. Este pulmón verde es vital para la Comuna 5 (Almagro y Boedo), que históricamente padece un déficit crítico de espacios verdes por habitante en la Ciudad. La vegetación acumulada —árboles, helechos y enredaderas— funciona como un regulador térmico y refugio de biodiversidad en una de las zonas más densamente cementadas de la Capital Federal.
Activo financiero vs. Valor social
La disputa por el lote de Acuña de Figueroa resume un choque de paradigmas. Por un lado, la AABE busca liquidar activos para cumplir con objetivos de gestión fiscal y caja. Por el otro, el Colectivo Relieve, mediante una propuesta legislativa, busca transformar el predio en una microreserva urbana. Esta iniciativa ciudadana prioriza el valor social y ambiental, argumentando que el beneficio a largo plazo de un espacio verde público supera con creces la ganancia única derivada de la venta inmobiliaria. El conflicto permanece abierto, con la comunidad exigiendo que el Estado deje de ver el terreno como una mercancía y comience a verlo como una oportunidad de reparación ambiental.