Esta declaración fue hecha durante una entrevista en 2012, en el marco de la promoción de la película That’s My Boy, pero su vigencia ha permitido que resuene nuevamente. Sandler resumió su perspectiva sobre la madurez con una declaración sencilla: “Me estoy volviendo viejo. Ya no te preocupan tantas cosas. A mí casi nada me preocupa y tengo que pensarlo un poco”.
Lejos de sonar resignado, Sandler enfatizó que los años han reordenado sus prioridades. En su opinión, la necesidad de impresionar a los demás disminuye y se abre paso a una vida más auténtica, centrada en lo que realmente brinda bienestar.
Uno de los ejemplos que utilizó para ilustrar esta transformación fue su elección de vestimenta. Con su característico sentido del humor, comentó que ya no presta demasiada atención a la ropa que usa, lo que a menudo provoca risas de sus hijas.
Para el protagonista de Happy Gilmore, Un papá genial y Son como niños, sentirse a gusto consigo mismo es mucho más valioso que ajustarse a las expectativas de los demás. Esta filosofía también se refleja en su enfoque profesional y en cómo enfrenta las críticas.
“Antes me preocupaba, pero ahora estoy bien. ‘¡Vamos a comer un buen bife!’, le diría a la gente que no me quiere”, bromeó mientras se refería a quienes cuestionan su trabajo.
Sandler, nacido el 9 de septiembre de 1966, aseguró que hoy se percibe como una persona muy diferente a la de su juventud.
“Soy mucho más tranquilo que antes. Solía perder el control, tenía un carácter impulsivo y reaccionaba enseguida. Cometí muchos errores tontos y dije muchas estupideces”, confesó.
Esta metamorfosis, según explicó, le ha permitido disfrutar más intensamente de su presente. Además, manifestó que le agrada interpretar personajes de su misma edad, ya que ya no siente la necesidad de aparentar algo diferente.
“Me gusta mi edad. Es liberador, porque no tengo que ser fiel a nada más que a mi aspecto, a lo que pienso y a la manera en la que vivo”, finalizó.