En una reciente entrevista con una reconocida revista estadounidense, Williams, la tenista más laureada del tenis femenino en la era abierta, explicó que su regreso a la competencia fue tanto físico como emocional, motivado en parte por el deseo de que sus hijas pudieran verla jugar antes de cerrar definitivamente este capítulo de su vida.
La tenista no subestimó la magnitud de su regreso. Compartió que el verano estaba colmado de entrenamientos, reuniones laborales, el cuidado de sus dos hijas y compromisos mediáticos, sin tiempo para pausas.
“Agarré una raqueta este verano y eso mandó por la ventana cualquier tiempo libre que me quedaba”, admitió, dejando en claro que su afición por la lectura se vio postergada, al igual que el descanso.
Cuando se le consultó qué haría con una hora adicional en su día, Williams sin titubear respondió que se acostaría, pero luego reconsideró y mencionó que probablemente la gastaría cocinando o pasando tiempo con sus hijas.
“Nunca me tomo un minuto para decir ‘tiempo de amor propio’, lo cual es muy importante”, sostuvo, señalando que esta situación es compartida por muchas mujeres. Para ella, la competencia no se desvaneció con su partida del circuito profesional, sino que se trasladó a cada aspecto de su vida diaria.
El regreso a la competición no fue un camino solitario. Williams lo vivió junto a su hermana Venus, y describió la dinámica entre ambas en la cancha como una combinación de seriedad competitiva y la complicidad que se forja a lo largo de muchos años. “Compartirlo con mi hermana es realmente genial porque podemos reírnos, pero también somos muy serias y podemos comunicarnos”, expresó Serena.
Según relató, la experiencia fue diferente a cualquier otra vivida anteriormente, no solo por el nivel del juego y los resultados, sino por el contexto emocional: por primera vez en su carrera, sus hijas la vieron competir desde las tribunas, lo cual modificó su perspectiva sobre cada partido.
Uno de los momentos más impactantes de la entrevista fue cuando habló de su hija Olympia, quien siempre la recibe con un abrazo independientemente del resultado. Williams se mostró perpleja y le preguntó: “¿Cómo puedes abrazarme si no gané?”. La respuesta de Olympia fue el silencio, simbolizando una perspectiva que no comparte la premisa de su madre. Williams reconoció que su hija no ve la competencia de la misma manera.
Esta anécdota subraya una de las ideas centrales que Williams repitió a lo largo de la conversación: la competencia ha adquirido un significado diferente desde su salida del circuito profesional. El éxito, que antes medía en títulos y rankings, ahora coexiste con una nueva escala más difícil de cuantificar y posiblemente más relevante.
Al referirse a su crecimiento personal, Williams optó por hablar del presente en lugar de hacer un balance. “Creo que estoy creciendo cada día. Cada día te cambia y te construye o te derrumba, pero siempre hay un mañana”, afirmó.
Para una figura que dominó el tenis femenino durante más de dos décadas, esta afirmación no se percibe como una simple retórica motivacional, sino como una filosofía de vida.
Aunque no especificó si su retorno al verano incluirá participación en el circuito oficial, dejó claro que su instinto competitivo sigue activo y no ha requerido su aprobación. Sus hijas han presenciado su camino, y por el momento, parece que esta conexión es suficiente para que ella continúe jugando.