La Unión Europea (UE) se constituye como un actor preponderante en el comercio global, concentrando el 14% de las adquisiciones mundiales de bienes y servicios, cifra que representa el 72% de su Producto Bruto Interno (PBI). En este contexto, la relación con el Mercosur ya posee una relevancia significativa: hasta la fecha, más del 14% del total de las exportaciones del bloque sudamericano han tenido como destino el mercado europeo, mientras que el 20% de las importaciones regionales han provenido de dicho origen.
Bajo este marco, el acuerdo entre el Mercosur y la UE ha alcanzado un hito crucial en Argentina: el Poder Ejecutivo remitió el texto al Congreso de la Nación para su consideración en la Cámara de Diputados, dando inicio al proceso legislativo que culminará con su ratificación. Este entendimiento persigue un objetivo fundamental: la reducción progresiva de los aranceles y la conformación de una vasta zona de libre comercio, sustentada en reglas de origen precisas para asegurar que los beneficios se circunscriban a ambos bloques.
El alcance del acuerdo trasciende el mero intercambio de bienes. Establece, además, un marco regulatorio integral que comprende servicios, propiedad intelectual, compras públicas, comercio sostenible, empresas estatales y mecanismos de solución de controversias, aspecto considerado esencial para dotar de previsibilidad jurídica a largo plazo.
En materia comercial, el documento prevé la supresión de gravámenes sobre aproximadamente el 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación más extensos que los concedidos por la UE en tratados precedentes. Para el Mercosur, este cronograma promueve un impulso a las exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras. Por parte de Europa, el acuerdo procura asegurar el aprovisionamiento de alimentos, energía y minerales críticos, además de facilitar el ingreso de productos industriales al mercado sudamericano en un escenario global crecientemente competitivo frente a Estados Unidos y China.
Según estimaciones de fuentes europeas, el acuerdo podría generar exportaciones adicionales por un monto aproximado de u$s10.000 millones anuales, mientras que el comercio total entre ambos bloques podría incrementarse en casi u$s60.000 millones.
Tras la rúbrica política, el entendimiento deberá transitar el cauce institucional en ambas márgenes del Atlántico. Cada nación miembro del Mercosur deberá notificarlo conforme a sus procedimientos internos —en el caso argentino, con el debate que se ha iniciado en Diputados—, al igual que los Estados miembros de la Unión Europea. Se trata de un proceso que podría extenderse por meses e incluso años, en función de la dinámica parlamentaria.Sectores Beneficiarios
Luego de más de 25 años de negociaciones, el acuerdo logró destrabarse a pesar de la histórica reticencia de Francia, consolidando un mercado de bienes y servicios que supera los 700 millones de consumidores. Entre los principales sectores beneficiados se destacan los productos cítricos, los bienes de origen marino y las carnes.
El texto también busca garantizar la estabilidad de las normativas de acceso y prevenir la adopción de medidas discriminatorias o proteccionistas. La Unión Europea eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano hará lo propio con el 91% de las importaciones provenientes del viejo continente.
En lo que concierne a las manufacturas argentinas, el acuerdo contempla reducciones arancelarias para determinados productos y la aplicación del régimen de libre comercio para otros, sumado a ventajas comparativas que tienen por objeto mejorar su competitividad exportadora.
Los cítricos, las hortalizas y el algodón accederán bajo un esquema de libre comercio que se implementará de manera gradual, con plazos que oscilan entre 4 y 10 años. Respecto a los vinos argentinos, la UE reducirá los aranceles de forma progresiva hasta su completa eliminación en un lapso de ocho años.