Este vínculo no es solo retórico. La política argentina ha vivido numerosos momentos de quiebre en marzo. Un ejemplo emblemático es el de Cristina Kirchner en 2008, cuando el 11 de ese mes firmó la controvertida resolución 125, que desató un conflicto con el sector agropecuario. Esta decisión no solo promovió una crisis sectorial, sino que también culminó con el “voto no positivo” de Julio Cobos, fracturando el apoyo de diversos sectores del país y coincidiendo con el inicio de la crisis subprime global, que se evidenció inicialmente con la caída de Bear Stearns, antecediendo al colapso de Lehman Brothers. Problemas en el exterior coincidieron con dificultades internas en la Argentina.
Mauricio Macri también experimentó su propio marzo complicado en 2018, al pronunciar la frase “lo peor ya pasó”, que fue rápidamente desmentida por los acontecimientos que siguieron, incluyendo su decisión de retornar al Fondo Monetario Internacional, marcando el inicio de la recta final de su mandato. Por su parte, Alberto Fernández tuvo su notable punto de inflexión en marzo de 2022, cuando el impacto de la invasión rusa a Ucrania y la crisis interna del Frente de Todos se cristalizaron en la decisión de La Cámpora de votar en contra de un acuerdo con el FMI, así como en la renuncia de Máximo Kirchner a liderar el bloque oficialista.
El presente no es diferente. Milei entra a marzo enfrentando un entorno externo complicado, acentuado por una nueva escalada de conflictos en Medio Oriente que afecta directamente los precios internacionales del petróleo, además de tensiones internas que fusionan variables económicas, judiciales y políticas. A este escenario se suma la crisis en curso relacionada con el caso $Libra y las acusaciones hacia su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, luego de que se revelara su viaje a Nueva York y Punta del Este.
En este contexto, el Presidente regresó de Hungría y tomó una decisión política rápida: reafirmar el apoyo a Adorni y ordenar la gestión gubernamental. Su conversación con el jefe de Gabinete fue un gesto claro de respaldo. No se prevén cambios en el equipo. La interpretación desde la Casa Rosada sostiene que ceder en este punto implicaría validar la línea de ataque promovida por la oposición.
Milei se muestra especialmente irritado por lo que considera una ofensiva coordinada, intensificando su actividad en redes sociales, donde ha cuestionado enérgicamente las coberturas mediáticas que describen un entorno de deterioro económico y social. Según su análisis,