Quirno asistió en reemplazo de Milei, quien se encuentra en Buenos Aires organizando el gabinete tras la salida de Manuel Adorni.
En un contexto interno caracterizado por denuncias de corrupción, el Gobierno decidió aprovechar este foro regional para reafirmar uno de los pilares de su política exterior: la necesidad de transformar al Mercosur en una plataforma más competitiva, abierta y conectada con los principales flujos del comercio global.
Frente a presidentes y representantes de las naciones integrantes, Quirno destacó que el bloque debe recuperar “el sentido económico que le dio nacimiento” y adaptarse a un mundo donde han cambiado las cadenas de valor, la competencia internacional ha aumentado y la firma de acuerdos comerciales entre diversas regiones se ha acelerado.
“El mundo cambió. Las cadenas de valor evolucionaron. La competencia internacional se complejizó”, afirmó el canciller, advirtiendo que el Mercosur necesita una “evaluación profunda y honesta” de los resultados luego de 35 años de existencia.
Acompañado por Pablo Lavigne, secretario de coordinación productiva del Ministerio de Economía, y Fernando Brun, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Quirno valoró la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, destacando el semestre de presidencia pro témpore de Paraguay.
Felicitó al presidente Santiago Peña por su gestión y subrayó que el acuerdo, que había estado paralizado durante años, logró avanzar gracias a decisiones políticas.
“Creemos en una economía abierta, en la capacidad de nuestros sectores productivos y en la libertad de comerciar con el mundo”, enfatizó al señalar que Argentina fue el primer país del bloque en completar su proceso interno para la aprobación del acuerdo.
Sin embargo, el canciller sostuvo que el entendimiento con la Unión Europea no agota la agenda argentina para el Mercosur. Por el contrario, lo presentó como el inicio de una discusión más amplia sobre el funcionamiento económico del bloque.
Durante su intervención, criticó con firmeza el proteccionismo regional, mencionando que se defendió la noción de que los aranceles elevados protegen el empleo y la industria, afirmando que la experiencia ha demostrado lo contrario.
“La realidad se encargó de desmentir esa premisa una y otra vez: menos competencia, menos productividad, menos inversión, menos innovación, precios más altos para los consumidores y salarios más bajos. En síntesis: más pobreza”, argumentó.
Quirno también relacionó esta crítica con la experiencia argentina, afirmando que el país ha sido durante décadas “un caso testigo” de las consecuencias de cerrar la economía, multiplicar regulaciones y mantener privilegios sectoriales a expensas de los ciudadanos.
En este sentido, pidió una revisión del arancel externo común, considerando que un bloque que aspire a competir en el siglo XXI no puede sostener estructuras que encarecen insumos, aíslan a la región de la tecnología y obligan a las empresas a operar con costos más altos que los de sus competidores internacionales.
“Un arancel moderno debe ser simple, competitivo y compatible con una agenda real de apertura”, expresó.
Otro de los puntos abordados fue la necesidad de mayor flexibilidad dentro del Mercosur. Quirno indicó que la lentitud del bloque para cerrar acuerdos comerciales contrasta con la estrategia de otros países de la región, como Chile, que cuenta con tratados con economías que representan cerca del 88% del PIB mundial, mientras que el Mercosur apenas alcanza el 20%.
“La pregunta ya no es por qué otros avanzaron más rápido. La pregunta es cuánto tiempo estamos dispuestos a seguir perdiendo”, advirtió.
De este modo, defendió que los países socios tengan mayor margen de acción cuando el bloque no avanza con la misma celeridad. “La flexibilidad no debe ser percibida como una amenaza. Constituye parte de la solución”, destacó.
Quirno también valoró las negociaciones en curso con Canadá, Vietnam, India, Japón, Emiratos Árabes Unidos y El Salvador, países que, según su perspectiva, tendrán un papel relevante en el crecimiento, la inversión y la innovación en las próximas décadas.
Asimismo, vinculó esta agenda con la solicitud formal de Argentina para sumarse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, conocido como CPTPP. Según indicó, esta decisión refleja la intención del país de dejar atrás un rol secundario en los procesos que están redefiniendo el comercio internacional.
“Nuestra vocación de apertura no se agota en el acuerdo con la Unión Europea. Ese acuerdo confirma un rumbo y abre una etapa que debe ser mucho más ambiciosa”, aseguró.
De cara a la próxima presidencia pro témpore de Uruguay, Quirno instó al bloque a avanzar con decisiones concretas orientadas a la apertura, la competitividad y la modernización. “El mundo no se detiene y nuestra región tampoco puede hacerlo”, concluyó.