En este marco, Rolón expresó: “Siempre habrá una herida, una ausencia que se siente a tu lado y que desde algún lugar te emociona con un recuerdo, pero como el dolor es más fuerte que la felicidad, el recuerdo de un momento feliz es un poco doloroso”. Según el experto, el recuerdo de una ausencia resalta una falta, por lo que advirtió: “Hay que ser muy valiente y muy inteligente para construir ese mundo, que abraza una felicidad imperfecta”.
Respecto a los recuerdos, destacó: “El recuerdo es un lugar muy particular y enigmático, porque es el lugar donde guardamos las cosas que hemos perdido para que no se las lleve la muerte para siempre. Y entonces ese lugar es un lugar atesorado”.
En este sentido, advirtió sobre la tendencia de la sociedad a buscar soluciones instantáneas, cuando la realidad demanda un esfuerzo consciente y valiente. “Ser feliz implica una responsabilidad muy grande”, enfatizó, resaltando la necesidad de liberar al concepto de expectativas inalcanzables. Por ello, planteó: “¿Cómo construyo en mí que soy mortal, que soy consciente de mi finitud, que tengo la memoria de las heridas y las faltas que ya me habitan?”.
En su obra La felicidad, el analista introduce el término “faltacidad” para describir el estado real al que puede aspirar una persona. Esta noción denota una felicidad que incluye las faltas, ausencias, dolores y heridas de cada individuo. “No existe la felicidad. Existe la faltacidad, que es una felicidad que es capaz de abrazar todas mis faltas, mis ausencias, mis dolores y mis heridas”, mencionó.
Según Rolón, el bienestar se sitúa en un momento específico del tiempo: “La felicidad es en la eternidad del aquí y ahora”, advirtiendo que buscarlo en el pasado o en un futuro incierto despoja de sentido la existencia presente: “Hay que construir felicidad en el presente”. Además, subrayó: “La felicidad es imperfecta”.
El analista considera el amor como una herramienta vital para enfrentar la angustia existencial. Lo define como una invención humana destinada a engañar a la muerte, aunque sea por un instante. “El amor es ese invento maravilloso de los hombres para intentar engañar a la muerte por un rato”, afirmó. Rolón destaca la función del amor: “El amor sirve para que la soledad duela un poco menos, para que la tristeza sea un poco menos perturbadora”.
Sin embargo, advirtió sobre los riesgos que los vínculos afectivos conllevan para la integridad personal: “Amar a alguien es otorgarle un poder sobre vos”, enfatizó, sugiriendo que un amor saludable implica ceder voluntariamente ese poder sin usarlo para dañar a la pareja durante desavenencias. “La persona que te ama con sanidad es la que renuncia a usar ese poder. Nunca usa el poder que tiene sobre vos para dañarte, para ganar una discusión porque siente enojo.”