Entre enero y julio, los frigoríficos exportaron 403.100 toneladas de carne vacuna refrigerada y congelada, un 6,7% más que en el mismo período de 2025. En términos de valor, el incremento fue aún mayor y alcanzó el 41,8% interanual, de acuerdo con datos del sector exportador.
La mejora en los ingresos estuvo impulsada principalmente por la recuperación de los precios internacionales. En julio, el valor promedio de la tonelada exportada llegó a US$7.123, lo que representó una suba del 27,5% frente al mismo mes del año anterior.
Los precios habían tocado un mínimo de US$3.740 a mediados de 2024 y desde entonces comenzaron a recuperarse, hasta acercarse nuevamente a los máximos registrados durante este año.
China continúa como el principal destino de la carne vacuna argentina y concentró casi el 60% del volumen exportado durante los primeros siete meses. Estados Unidos se ubicó en segundo lugar, favorecido por la ampliación del contingente de exportación libre de aranceles.
Israel también mostró un crecimiento significativo como destino y aumentó sus compras de carne argentina un 25% interanual.
El desempeño de las exportaciones contrasta con la evolución del consumo interno. Según datos de la industria frigorífica, el consumo de carne vacuna cayó a 46,3 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en más de dos décadas.
La caída fue del 9,4% interanual, equivalente a una reducción de 4,8 kilos por persona respecto del mismo período del año anterior.
La menor demanda interna se vincula con la pérdida de poder adquisitivo y la presión que ejercen los precios de la carne sobre los hogares. A esto se suma una mayor orientación de la oferta hacia los mercados externos.
De esta manera, el complejo cárnico presenta una dinámica contrapuesta: mientras las exportaciones crecen y generan un mayor ingreso de divisas, el mercado interno registra una reducción en el consumo y en la cantidad de carne disponible para los consumidores argentinos.