El tratamiento del linfoma no Hodgkin varía según cada caso, lo que hace fundamental que los médicos identifiquen el subtipo específico presente en cada paciente para poder establecer un plan terapéutico adecuado, según un informe al que se tuvo acceso.
“El tratamiento de segunda línea para pacientes con este tipo de linfoma -no elegibles para trasplante- fue históricamente la inmunoquimioterapia, pero con resultados poco favorables. Necesitábamos contar con más y mejores opciones para poder dar respuesta a esta comunidad de pacientes, para controlar la enfermedad por más tiempo y extender la sobrevida”, afirmó una especialista en hematología del Instituto Alexander Fleming.
Contar con opciones terapéuticas adicionales para este tipo de cáncer permite un manejo más efectivo de la enfermedad, disminuyendo el riesgo de recaídas y logrando mejores resultados a largo plazo. Gracias a los avances en la investigación científica, con frecuencia surgen novedades alentadoras, muchas de las cuales ya están disponibles en el país.
Uno de estos avances es un nuevo medicamento llamado glofitamab, destinado al tratamiento en segunda línea para pacientes que han experimentado recaídas o que no han respondido al tratamiento inicial de un subtipo común de linfoma no Hodgkin llamado linfoma difuso de células grandes B. Este tipo de linfoma, de crecimiento rápido, representa aproximadamente el 25% de todos los casos de linfoma no Hodgkin, con cerca de 1.200 nuevos diagnósticos anuales en el país.
Este fármaco está indicado para aquellos pacientes que no son aptos para el trasplante de células precursoras hematopoyéticas, situación que afecta a alrededor de la mitad de los pacientes por diversas razones. Aunque una porción considerable de los pacientes responde positivamente al tratamiento inicial, hay un 40% en los cuales este no tiene efecto o recaen posteriormente, enfrentándose a un pronóstico desfavorable con las opciones tradicionales de inmunoquimioterapia de rescate.
En este contexto, la incorporación de este nuevo tratamiento representa un paso importante, ya que ha mostrado tasas de respuesta completa próximas al 60% y respuestas sostenidas durante 12 meses en la mitad de los pacientes. Además, ha logrado duplicar la mediana de sobrevida, alcanzando 25,5 meses en comparación con los 12,9 meses de tratamientos convencionales, así como reducir el riesgo de progresión o mortalidad en un 60% cuando se utiliza en combinación con quimioterapia, dado que se ha demostrado que esta combinación potencia el efecto antitumoral, en comparación con el tratamiento estándar de rituximab más quimioterapia.
Su mecanismo de acción es innovador: se trata de un anticuerpo biespecífico que se adhiere a las células tumorales a través del marcador CD20 y a los linfocitos T del sistema inmunológico mediante CD3, lo que activa una respuesta dirigida que permite eliminar las células malignas aprovechando el sistema inmunológico del paciente.
La especialista destacó: “Como primer anticuerpo biespecífico combinado con quimioterapia que ha demostrado incrementar la sobrevida en este tipo de linfoma, glofitamab nos abre la posibilidad de recuperar el control de la enfermedad y mantenerlo por más tiempo”. También subrayó que “otro aspecto diferencial de esta terapia es su esquema de administración de duración fija, lo que brinda previsibilidad tanto para los pacientes como para los equipos de salud, y permite evitar tratamientos indefinidos”.
La detección temprana y la consulta médica oportunas son cruciales para mejorar los pronósticos. Algunos síntomas habituales del linfoma incluyen lo que se conoce como ‘síntomas B’.