El Niño es conocido como una variación natural del clima que provoca un incremento de las temperaturas en la superficie del océano, especialmente en el centro y el este del Pacífico ecuatorial. Este fenómeno ocurre cuando los vientos que normalmente soplan del este y mantienen las aguas cálidas en el oeste del océano se debilitan temporalmente. Esto permite que las aguas más cálidas se eleven a la superficie y se desplacen hacia el este, generando un cambio significativo en el clima mundial.
Cuando las temperaturas de la superficie del océano se mantienen anormalmente elevadas durante un período prolongado, esto desencadena un aumento en la frecuencia e intensidad de las tormentas en la región. “Esto tiene repercusiones en toda la atmósfera terrestre”, explica Emily Becker, climatóloga de la Universidad de Miami. El resultado son condiciones más cálidas y secas en ciertas áreas, y más frescas y húmedas en otras, alterando así patrones climáticos globales.
El actual fenómeno meteorológico de El Niño está cobrando impulso y ya ha alcanzado niveles comparables al episodio más intenso registrado previamente, según afirmaron expertos. Las consecuencias de este fenómeno son visibles en múltiples regiones alrededor del mundo. En Centroamérica, por ejemplo, la sequía ha comenzado a causar serios estragos, con la muerte de animales y cultivos, lo que plantea desafíos significativos para el canal de Panamá, que también se enfrenta a problemas relacionados con la falta de agua.
El Corredor Seco Centroamericano se encuentra en una situación crítica, sufriendo lo que se describe como la peor sequía que la región ha experimentado en años. La escasez de alimentos es alarmante, y muchos campesinos se ven obligados a vender su ganado antes de que muera por la falta de alimento y agua. “A veces me pongo a llorar. A veces uno come, a veces no”, comparte Lidia Ochoa desde San Lorenzo, al sur de Honduras.
Esta zona también abarca áreas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, donde habitan más de 10 millones de personas. De este grupo, aproximadamente el 80% de los pequeños productores vive en condiciones de pobreza, de acuerdo con informes de la ONU. Acostumbrados a lidiar con eventos climáticos extremos, los habitantes de estas regiones se encuentran desconcertados y alarmados ante la severidad del fenómeno de El Niño, que amenaza con intensificarse a niveles históricos.
“Nunca habíamos visto algo como esto”, expresa Ochoa, de 76 años. En esta época del año, los campos del agricultor y ganadero Francisco Molina, de 48 años, deberían estar verdes y cubiertos de maíz; sin embargo, ahora se ven como un terreno árido lleno de huesos de ganado, con el calor sofocante agravando la situación. En respuesta a la pérdida de cultivos, que normalmente se destinan al autoconsumo, muchos campesinos han comenzado a reducir la cantidad de alimentos que consumen o se ven forzados a adquirir lo que solían cultivar.
El poderoso fenómeno de El Niño que se está desarrollando en este año, junto al récord histórico de temperaturas globales que está provocando, así como la aparición de sequías severas, incendios forestales y una reducción crítica en los suministros de agua, podría provocar alrededor de medio millón de muertes adicionales en todo el mundo para finales de febrero, según un estudio reciente.
La sombría advertencia del Climate Impact Lab, con sede en la Universidad de Chicago, indica que hasta 451,000 muertes relacionadas con el calor que podrían producirse entre junio y finales de febrero se pueden atribuir a El Niño, en comparación con el número de muertes esperadas en un año típico.
El mayor impacto se anticipa en los países más desfavorecidos, que ya enfrentan problemas de inseguridad alimentaria y elevados costos de energía, situación que se agrava por el cambio climático y las repercusiones derivadas del conflicto en Irán.
En el marco de estos eventos climáticos extremos, el huracán Polo ha emergido como uno de los más intensos que el Pacífico ha visto en décadas; se prevé que se aproxime a la costa suroeste de México categorizado como una tormenta de categoría 5. Asimismo, en el océano Pacífico, Odalys ha pasado de ser una tormenta tropical a un huracán, aunque no representa una amenaza para las áreas costeras en tierra firme. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos ha calificado a Polo como una tormenta “extremadamente peligrosa” y ha pronosticado que realizará un giro brusco hacia el noroeste antes de continuar su trayectoria hacia el oeste-noroeste en los días venideros.