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El Niño: las claves para preparar al campo ante una primavera y un verano con más lluvias

23 octubre, 2026
in Economía
El Niño: las claves para preparar al campo ante una primavera y un verano con más lluvias
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El fenómeno climático El Niño ya comenzó a manifestarse y los pronósticos anticipan una temporada de lluvias intensas en buena parte de la Argentina. Frente a este escenario, la planificación se vuelve fundamental para el sector agropecuario, que deberá tomar decisiones sobre siembra, maquinaria, logística y finanzas para reducir el impacto de posibles inundaciones y anegamientos.

La información climática disponible permite anticipar estos riesgos con varios meses de anticipación. Desde mediados de agosto, organismos internacionales advirtieron sobre el fortalecimiento del fenómeno en el océano Pacífico y señalaron altas probabilidades de que se mantuviera al menos hasta el verano. A su vez, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronosticó precipitaciones superiores a las habituales para octubre, noviembre y diciembre en amplias regiones del país.

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Se produce cuando se debilitan los vientos que desplazan las aguas cálidas del Pacífico ecuatorial hacia Asia y Oceanía, lo que permite que esas aguas se extiendan hacia el centro y el este del océano. Este cambio modifica la circulación atmosférica y altera los patrones de lluvias en distintas partes del mundo.

En la Argentina, sus efectos suelen traducirse en mayores precipitaciones en el Litoral, el noreste y la región pampeana, especialmente durante la primavera y el verano. Sin embargo, el impacto no es uniforme: algunas zonas del oeste del noroeste argentino pueden registrar lluvias inferiores a las normales. Además, los pronósticos estacionales expresan tendencias y probabilidades para períodos de tres meses, no certezas sobre el clima de cada jornada.

Para el campo, un incremento de las lluvias no necesariamente representa un problema. En distintas áreas de la región pampeana, los años de El Niño favorecieron los rendimientos de cultivos como la soja y el maíz, al reducir el riesgo de falta de agua durante etapas críticas. Las dificultades aparecen cuando las precipitaciones superan la capacidad de absorción y drenaje del suelo, y el agua permanece acumulada durante períodos prolongados.

Uno de los primeros efectos se observa en los terrenos. Las lluvias persistentes pueden saturar el suelo, elevar las napas y provocar anegamientos en las zonas bajas. En esas condiciones, la maquinaria pierde capacidad de desplazamiento y puede hundirse. Si se insiste con las labores sobre terrenos demasiado húmedos, aumenta el riesgo de compactación y deterioro de la estructura del suelo, con consecuencias que pueden extenderse a varias campañas agrícolas.

Los cultivos también resultan afectados. El exceso de agua puede retrasar o impedir la siembra, dificultar la implantación y favorecer la aparición de enfermedades y malezas. En la actividad ganadera, las pasturas inundadas, los problemas sanitarios en las patas de los animales y la proliferación de parásitos complican el manejo cotidiano.

Otro punto crítico es la infraestructura vial rural. Gran parte de los caminos de la Argentina son de tierra y pueden volverse intransitables después de lluvias intensas. Cuando eso ocurre, se dificulta el traslado de la producción, el ingreso de insumos y el acceso de los camiones a los establecimientos. La interrupción también afecta a las comunidades rurales, ya que puede impedir el paso del transporte escolar, las ambulancias y los vecinos que necesitan llegar a los centros urbanos.

Ante estos riesgos, existen distintas fuentes de información gratuitas que pueden ayudar a anticipar escenarios y organizar las tareas. El SMN publica pronósticos climáticos trimestrales, mientras que el Consejo Hídrico Federal (Cohife) y otras entidades nacionales difunden informes sobre la situación hidrometeorológica. A su vez, el INTA, la Oficina de Riesgo Agropecuario y las bolsas de cereales ofrecen datos sobre las reservas de agua en los suelos, el estado de los cultivos y los riesgos por región. Las imágenes satelitales de acceso público permiten complementar esos reportes y observar la evolución del agua en superficie.

La recomendación es combinar los pronósticos regionales con información específica de cada establecimiento. Los registros históricos de lluvias, la profundidad de las napas y los antecedentes de lotes afectados por inundaciones permiten identificar los sectores más vulnerables. Mientras los informes generales anticipan qué podría ocurrir en una región, el conocimiento del propio campo ayuda a determinar dónde podrían concentrarse los problemas.

En materia de siembra, resulta clave revisar qué cultivos se implantarán y en qué lotes. Mantener el suelo cubierto con cultivos vivos puede contribuir a absorber agua y preservar su estructura. También conviene establecer alternativas de antemano, como evaluar distintas fechas de siembra o definir qué cultivo utilizar si las condiciones climáticas impiden cumplir con el calendario previsto.

La elección de la maquinaria es otro factor importante. En terrenos con riesgo de anegamiento, el uso de implementos de mayor flotación, presiones adecuadas en los neumáticos y orugas en las tolvas puede facilitar las tareas y reducir daños. Cuando el estado del suelo impide el ingreso de equipos terrestres, también se pueden evaluar alternativas como las aplicaciones aéreas o mediante drones.

La preparación incluye el abastecimiento anticipado de semillas, fertilizantes, combustible y forraje. Contar con esos insumos antes de los meses más lluviosos reduce la dependencia de caminos que podrían quedar cortados y permite sostener las operaciones durante períodos de difícil acceso.

La logística de la producción también requiere planificación. Si existe riesgo de que los caminos se vuelvan intransitables durante la cosecha, es conveniente definir con anticipación dónde almacenar los granos. Una alternativa es utilizar silobolsas en sectores elevados, con suelos firmes y accesos que no dependan de los tramos más bajos de la red vial. En tambos y establecimientos ganaderos, por su parte, es importante prever reservas de forraje y potreros altos para trasladar los animales en caso de inundaciones.

La gestión financiera forma parte de la preparación. Antes de la siembra, se recomienda revisar las pólizas de seguro, ya que algunas coberturas básicas contemplan daños por granizo, pero no necesariamente los ocasionados por excesos hídricos. Existen alternativas adicionales y seguros multirriesgo cuyas condiciones conviene comparar antes de contratar.

También es importante evaluar la liquidez disponible para afrontar compromisos si la cosecha se retrasa o no puede retirarse a tiempo. Escalonar las ventas, considerar coberturas de precios y evitar la concentración de vencimientos financieros en períodos cercanos son medidas que pueden ayudar a reducir la exposición ante una campaña complicada.

Por último, conocer el funcionamiento del sistema de emergencia agropecuaria establecido por la Ley 26.509 y conservar documentación sobre las condiciones del establecimiento puede facilitar los trámites si se declara la emergencia en la zona. Las fotografías, los registros de precipitaciones y la identificación de las superficies afectadas constituyen elementos útiles para respaldar la situación del productor.

El Niño es un fenómeno natural que no puede evitarse, pero sus consecuencias pueden gestionarse mejor mediante la anticipación. La información climática disponible permite planificar la siembra, preparar la maquinaria, organizar el abastecimiento, proteger el suelo, asegurar la salida de la producción y evaluar los riesgos financieros.

El desafío para el sector agropecuario no consiste únicamente en conocer el pronóstico, sino en traducirlo en decisiones concretas antes de que las condiciones climáticas dificulten el trabajo. La combinación entre información meteorológica, conocimiento del establecimiento y planificación anticipada puede marcar una diferencia en el desarrollo de la campaña.

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