El monto registrado representó un aumento interanual del 73,8% y superó el máximo anterior de US$118 millones alcanzado en abril. La comparación con junio de 2024 muestra una expansión aún mayor: antes de la flexibilización del régimen aplicada a fines de ese año, el crecimiento llegó al 641,5%.
Durante el primer semestre de 2026, las compras mediante courier totalizaron US$643 millones, lo que implica una suba del 104,2% frente al mismo período de 2025. Además, el acumulado quedó apenas US$251 millones por debajo de todo lo importado bajo esta modalidad durante el año pasado.
Entre los factores que explican esta evolución aparecen la estabilidad cambiaria, la mejora del salario privado registrado medido en dólares —que aumentó un 21,4% entre noviembre y mayo— y los cambios aplicados al régimen de importaciones.
La modificación normativa amplió las posibilidades de compra mediante envíos internacionales: igualó las condiciones entre el servicio postal estatal y los couriers privados, elevó de US$50 a US$400 la franquicia sin impuestos por envío, con un máximo de cinco operaciones anuales, y permitió compras de hasta US$3.000 mediante el pago de los aranceles correspondientes.
Aunque el impacto sobre el volumen total de importaciones todavía es reducido —en junio representó el 1,8% del total ingresado al país—, su efecto sobre determinados sectores comerciales comienza a ser más visible.
Las compras mensuales realizadas por esta vía ya equivalen aproximadamente al 40% de las ventas de categorías como ropa, artículos deportivos, electrónica, muebles, decoración y juguetes en los centros comerciales relevados por el INDEC. En 2024, esa proporción era inferior al 10%.
Desde el punto de vista de los consumidores, la baja de precios en algunos bienes durables favoreció especialmente a los productos importados. Los electrodomésticos se encuentran actualmente un 57% por debajo del promedio general de precios, mientras que la indumentaria registra una diferencia negativa del 42%, alcanzando los valores relativos más bajos desde al menos 2012.
Sin embargo, la reducción de precios no impacta de la misma manera en todos los hogares. Los alimentos y bebidas, en comparación con los electrodomésticos, se ubican un 116% por encima de los valores de noviembre de 2023, mientras que los servicios básicos acumulan un incremento del 151%.
Esta diferencia afecta especialmente a los sectores de menores ingresos, ya que destinan una mayor proporción de sus recursos al consumo de alimentos y servicios, y tienen menor capacidad para aprovechar el abaratamiento de bienes durables.
El avance de las compras externas también genera presión sobre sectores de producción y comercio local. La actividad comercial registró una caída interanual del 1,7% entre enero y mayo, ubicándose un 4,8% por debajo de los niveles de 2023.
Desde noviembre de 2023, el sector perdió 9.413 puestos de trabajo y registró una reducción de 7.567 empleadores.
En la industria, algunos segmentos vinculados a bienes que compiten con productos importados muestran fuertes retrocesos. Entre los sectores más afectados se encuentran la fabricación de equipos informáticos y de comunicaciones, con una caída del 57%; la producción textil, con una baja del 56,5%; y los aparatos de uso doméstico, con una disminución del 40,3%.
El crecimiento del comercio puerta a puerta refleja una nueva dinámica de consumo, impulsada por mayor acceso a productos internacionales y cambios regulatorios, aunque también plantea desafíos para las actividades locales que compiten con esos bienes.