Sin embargo, el desarrollo pleno del potencial de la formación continúa condicionado por las limitaciones de infraestructura. Un análisis especializado estima que las obras necesarias para acompañar la expansión requieren inversiones de entre US$15.000 millones y US$20.000 millones, un monto superior a un año de las inversiones y exportaciones actuales vinculadas con Vaca Muerta.
Las exportaciones energéticas alcanzarían durante 2026 unos US$14.000 millones, con una participación importante del shale oil producido en la provincia de Neuquén. A su vez, se proyectan inversiones por alrededor de US$130.000 millones durante los próximos cinco años, aunque la mayor parte de esos recursos estará destinada a la perforación de nuevos pozos.
En paralelo, distintos proyectos de infraestructura están siendo impulsados a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), acompañando las inversiones destinadas a ampliar la producción.
Entre las principales necesidades identificadas aparecen la expansión de los oleoductos hacia el Atlántico, el desarrollo de plantas modulares de licuefacción y la construcción de puertos de aguas profundas. Estas obras permitirían reducir el impacto del incremento de los costos de transporte y flete, compensando aproximadamente el 72% de ese aumento.
El desarrollo de esta infraestructura se produce en un contexto de transformación de la matriz productiva argentina y de mejora de las cuentas externas vinculada con el crecimiento de Vaca Muerta. A esto se suman las reformas económicas implementadas por el Gobierno, entre ellas la reducción del déficit fiscal y de la inflación, que contribuyeron a generar condiciones de financiamiento más favorables para proyectos de largo plazo.
El proceso también genera una demanda creciente de empleo, proveedores e insumos para los grandes proyectos de energía, minería e infraestructura. Entre estos últimos se encuentran materiales vinculados con la construcción y el desarrollo de nuevas instalaciones productivas.
La infraestructura vial representa otro de los desafíos para acompañar el crecimiento de la actividad. El deterioro de las rutas y las necesidades de transporte asociadas a la expansión del sector energético demandan nuevas inversiones para mejorar la conectividad y facilitar el traslado de la producción.
Desde el sector petrolero se proyecta que Vaca Muerta podría alcanzar hacia 2030 un nivel de generación de divisas similar al del sector agropecuario. De concretarse, este escenario permitiría reducir la vulnerabilidad externa de la economía argentina y contribuir a una disminución del costo del financiamiento.
Las empresas vinculadas con la actividad ya han logrado acceder a financiamiento en dólares a tasas cercanas al 7% anual, condiciones consideradas más favorables que las que enfrentan actualmente el Estado nacional y los gobiernos provinciales.
La expansión de la infraestructura, junto con un acceso al financiamiento más barato que el registrado durante buena parte de las últimas décadas, permitiría acelerar la ejecución y ampliar la escala de los proyectos destinados a incrementar las exportaciones energéticas.
El desarrollo de estas inversiones, sin embargo, se encuentra condicionado por el escenario internacional y la transición hacia fuentes de energía más limpias, que establece un horizonte temporal limitado para aprovechar el potencial exportador de los hidrocarburos no convencionales.