Instantes después, Antonela Roccuzzo se unió al abrazo, acariciando sus espaldas en un gesto de consuelo. Juntos, la familia Messi se dirigió lentamente hacia los vestuarios, acompañados por una ovación del público que se entremezclaba con la música. Así finalizó el martes 6 de octubre de 2026, un día que marcó la despedida del legendario jugador de la selección argentina, a la que defendió durante 21 años.
El espectáculo sorpresa comenzó cuando el Grupo Cali subió al escenario luego del discurso de Messi. La atmósfera era una fusión de celebración y melancolía, un sentimiento singular que solo se experimenta cuando algo culmina de manera definitiva. En este contexto, Thiago, el hijo mayor de Messi, no pudo contener su emoción y estalló en lágrimas, buscando el abrazo de su padre en un campo que presenció tantos logros, celebraciones y, sobre todo, momentos de alegría. Aquel día, las lágrimas pertenecieron al niño que había crecido observando todo desde cerca.
Roccuzzo esperó su momento y amplió el abrazo familiar, en el que también participaron Mateo y Ciro, los otros dos hijos de la pareja. Messi, que previamente había expresado que “el no venir más me va a costar mucho”, encontró en ese abrazo un consuelo que ningún trofeo podría ofrecer. Sus hijos también había estado a su lado en el ingreso al campo.
Antes de que su familia se uniera a él en el campo, Messi compartió un mensaje que resonó en el corazón del Monumental. Comenzó recordando a su padre, quien falleció el 8 de agosto anterior, como su primer pensamiento de la noche: “En lo primero que pienso es en mi viejo”, compartió. Habló acerca del orgullo que siente al haber defendido la camiseta “incluso en los peores momentos”, reflexionando sobre lo que significó ganar el Mundial, las Copas América y La Finalissima, y la dificultad de pronunciar la palabra final.
“Estoy hablando más que nunca y no quiero irme de acá”, reconoció cerca del final, resumiendo su sentir en una precisa frase: “Hoy, nuevamente aquí, es el día más triste de mi carrera, porque voy a extrañar estar defendiendo los colores de la Selección”.
También dejó un mensaje esperanzador para el futuro, advirtiendo que “habrán momentos difíciles, seguramente, porque no es común lo que se logró en este tiempo” y convocando a la unidad como fundamental para alcanzar grandes objetivos nuevamente. Sus palabras provocaron una de las ovaciones más grandes de la noche.
Entre sus compañeros, el que más sintió la despedida fue Enzo Fernández, el volante del Chelsea, que no pudo contener las lágrimas durante todo el discurso. Entre ellos existe una historia particular: en 2016, tras la derrota en la final de la Copa América, Fernández, entonces un adolescente, le escribió a Messi pidiéndole que regresara. Leo escuchó, y años después, compartieron la alegría de ser campeones del mundo.
La despedida oficial comenzó unas horas antes con una contundente victoria de 3-0 ante Benín, donde Messi anotó uno de los goles, haciendo de este un preludio emotivo. Sin embargo, la verdadera ceremonia de cierre tuvo lugar después: el discurso, el show sorpresa y, sobre todo, ese abrazo familiar en el césped del Monumental. La última imagen que se lleva de Messi es la de un padre que abraza a su hijo.