En los últimos 16 años, la proporción de productores que arriendan campos pasó del 80% al 57%. Sin embargo, la tendencia presenta diferencias según la escala de cada explotación: mientras los establecimientos más pequeños priorizan mejorar la productividad de sus propias tierras, los megaproductores proyectan incrementar un 31% la superficie trabajada durante los próximos cinco años.
Los datos surgen de la quinta edición de la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025), un relevamiento realizado sobre 842 productores agrícolas y agrícola-ganaderos de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, que administran en conjunto más de 1,5 millones de hectáreas. El estudio se desarrolló entre mayo y septiembre de 2025 y forma parte de una serie de mediciones periódicas iniciada en 2009 por una institución académica especializada en agronegocios.
En materia de arrendamientos, el relevamiento muestra que disminuyó la cantidad de productores que salen al mercado a buscar nuevas hectáreas. Aunque el sector continúa registrando movimiento, una parte de los establecimientos más pequeños decidió orientar sus recursos hacia inversiones que permitan aumentar la producción sin necesidad de ampliar la superficie.
Las expectativas de crecimiento también reflejan diferencias importantes entre categorías. Los productores que trabajan más de 10.000 hectáreas proyectan incrementar un 31% su superficie durante los próximos cinco años, frente al 7% que estimaban en 2021.
En cambio, entre los productores medianos, que administran entre 300 y 600 hectáreas, la expectativa de expansión bajó del 28% al 18%. Una tendencia similar aparece entre los productores comerciales, con superficies de entre 600 y 1.800 hectáreas, donde la proyección descendió del 29% al 18%.
En cuanto a los cultivos, la soja presenta una expectativa de crecimiento del 18% para los próximos cinco años. La cifra queda por debajo de las proyecciones para el maíz y el sorgo, que alcanzan el 34%, y para el trigo, con el 28%. La cebada muestra una previsión de expansión del 47%.
También aparecen oportunidades para producciones alternativas. La camelina y la carinata, dos oleaginosas que actualmente ocupan superficies reducidas, registran una proyección de crecimiento del 124%. Estos cultivos pueden incorporarse a las rotaciones agrícolas y tienen demanda vinculada con la elaboración de biocombustibles.
La diversificación es otro de los cambios destacados por el estudio. En 2017, apenas el 7% de los productores tenía una estructura agrícola altamente diversificada. Para 2025, esa proporción llegó al 27% y las estimaciones indican que podría alcanzar el 30% en 2030.
La categoría comprende a quienes producen cuatro cultivos o más y destinan menos del 40% de su superficie a cualquiera de ellos. En paralelo, los productores con baja diversificación disminuyeron del 39% al 18% entre 2017 y 2025, una señal del avance de los esquemas productivos con mayor rotación.
La ganadería también gana espacio dentro de las decisiones de inversión. Según la encuesta, el 44% de los productores consultados desarrolla alguna actividad ganadera, principalmente vinculada con la producción bovina para carne.
Entre quienes tienen hacienda, el 40% proyecta invertir en aumentar la cantidad de animales. También aparecen entre las prioridades la compra de maquinaria, con el 37%; la instalación de paneles solares, con el 33%; la adquisición de tierras, con el 29%, y las instalaciones para engorde a corral, con el 21%.
Si se considera al conjunto de los productores encuestados, la maquinaria encabeza las intenciones de inversión, con el 27% de las respuestas. Le siguen la compra de tierras, con el 26%, y los paneles solares y las cabezas de ganado, con el 24% en cada caso. La conectividad concentra el 16% de las preferencias y la capacidad de almacenamiento, el 13%.
Los antecedentes de inversión muestran una tendencia similar hacia la incorporación de infraestructura y tecnología. Durante los últimos cinco años, el 71% de los productores compró maquinaria, el 59% destinó recursos a mejorar la conectividad y el 37% amplió su capacidad de almacenamiento. Además, el 34% invirtió en paneles solares y el 27% adquirió tierras.
El perfil de los encuestados también aporta información sobre las características del sector. La edad promedio de los productores es de 47 años, la mitad cuenta con un nivel educativo alto y el 35% participa activamente en redes de productores.
El relevamiento también identifica diferencias en las formas de tomar decisiones de inversión entre los productores argentinos y sus pares estadounidenses. En el caso local, se destaca una mayor tendencia a analizar información, comparar alternativas y revisar los números antes de avanzar con una inversión, mientras que entre los estadounidenses tendría mayor peso la experiencia y la intuición.