El omeprazol se convirtió en uno de esos medicamentos que se incorporan a la rutina cotidiana y pueden tomarse durante años, incluso cuando ya no existe una necesidad concreta. Suele indicarse para tratar el reflujo gastroesofágico, la acidez o las úlceras, y también para proteger el estómago frente a determinados tratamientos. Desde mayo de 2024, los medicamentos de la familia de los prazoles se venden sin receta en Argentina.
La preocupación de los especialistas aparece cuando desaparece el motivo que llevó a iniciar el tratamiento, pero el fármaco sigue en la lista de medicamentos por inercia. La presentación europea se enfocó en cómo dejarlo sin que vuelvan los síntomas ni se produzca un efecto rebote.
El estudio incluyó a 629 pacientes que tomaban IBP desde hacía años y no tenían una indicación médica que justificara mantenerlos de manera permanente. En promedio, los participantes llevaban nueve años usando estos medicamentos.
Los investigadores compararon tres estrategias para abandonar el tratamiento: tomar el fármaco cuando fuera necesario, recurrir a una alternativa natural para aliviar los síntomas o usarlo de forma intermitente, según un esquema establecido. En quienes recibían dosis altas, primero se redujo la cantidad durante un mes hasta llegar a una pauta de mantenimiento.
Al cabo de un año, el 43,2 por ciento de los participantes había alcanzado el objetivo de éxito terapéutico prolongado. Los resultados fueron similares con las tres estrategias. Según los expertos, esto no significa que todos los pacientes puedan dejar estos medicamentos ni que la mitad restante haya tenido necesariamente complicaciones.
Las guías de la Asociación Estadounidense de Gastroenterología contemplan tanto la reducción gradual como la suspensión directa en pacientes seleccionados. La decisión debe tener en cuenta el cuadro clínico, la dosis, el tiempo de uso y la posibilidad de que los síntomas reaparezcan.
Uno de los obstáculos es que, después de un uso prolongado, suspender el tratamiento puede provocar un aumento transitorio de la secreción de ácido en el estómago, conocido como efecto rebote. Esas molestias pueden interpretarse como una señal de que hace falta seguir tomando el medicamento de manera permanente. Sin embargo, la reaparición temporal de los síntomas no demostraría por sí sola que el tratamiento deba continuar indefinidamente.
Raquel González, gastroenteróloga del Hospital Alemán, agregó otro aspecto al problema: “Muchos pacientes toman omeprazol porque no cumplen con el resto de las medidas para evitar el reflujo. Fundamentalmente son aquellos alimentos que irritan el esófago y el estómago. Entonces lo más fácil es tomar medicación para sentirse bien, y continúan con eso”.
La especialista también señaló que “hay pacientes que sí o sí necesitan tomar el omeprazol, pacientes puntuales que tienen determinadas patologías. Pero la mayoría de los pacientes no tiene estos cuadros. Habitualmente lo que hacemos es bajarle la dosis, hacer una estrategia de día por medio o diferentes estrategias. En definitiva, si cumple con el resto de las medidas para evitar el reflujo terminan suspendiendo sin problemas el omeprazol”.
Karina Leta, titular del sector de Gastroenterología Infantil del Hospital de Clínicas, indicó que el problema no afecta únicamente a los adultos, sino también a la población pediátrica. “En los últimos tiempos, se ha notado un aumento en el sobreúso de estos medicamentos. Aunque en Argentina no contamos con estudios representativos al respecto, también se ha visto esta tendencia en cuanto a las indicaciones inadecuadas de los IBP”.
Y añadió: “Cabe destacar que estos medicamentos son de excelente resultado, pero su uso debe tener indicaciones precisas, por el especialista gastroenterólogo infantil y/o el pediatra de cabecera, que luego de hacer un interrogatorio y examen físico completo muchas veces debe solicitar los estudios pertinentes para hacer la prescripción adecuada, por ejemplo ante una enfermedad por reflujo gastroesofágico o una gastritis erosiva, entre otras”.
Los IBP, como el omeprazol, integran una familia de medicamentos que también incluye esomeprazol, pantoprazol, lansoprazol y rabeprazol. Actúan reduciendo la producción de ácido en el estómago, lo que ayuda a aliviar los síntomas y favorece la cicatrización de lesiones causadas por el ácido.
En Argentina, estos medicamentos fueron catalogados recientemente como de venta libre, por lo que ya no se necesita una receta para comprarlos. Esto implica dos consecuencias: por un lado, puede disminuir el control médico al indicarlos y aumentar el riesgo de automedicación; por otro, dejaron de tener descuentos de obras sociales o prepagas.
Una revisión publicada en 2026 por la revista Canadian Family Physician estimó que entre el 30 y el 40 por ciento de las prescripciones de IBP no tienen una indicación vigente para su uso prolongado. Según los especialistas, a muchos pacientes se les recetan inicialmente por un período limitado, de entre cuatro y ocho semanas, para ciertos cuadros de reflujo o dispepsia. Si los síntomas desaparecen, en algunos casos se evalúa reducir la dosis o suspender el tratamiento. En otros, la enfermedad de base requiere mantenerlo.
En los últimos años, distintos estudios observacionales relacionaron el uso prolongado de estos fármacos con algunos efectos adversos. Los que cuentan con evidencia más consistente son el aumento del riesgo de ciertas infecciones intestinales y, en algunos pacientes, niveles bajos de magnesio. La principal recomendación de los especialistas es revisar periódicamente la lista de medicamentos, en especial en las personas que reciben varios tratamientos al mismo tiempo.