Más allá de la cifra, la proporción de pymes en relación al total del conjunto empresarial argentino es notable. Un informe de Banco Comafi indica que el 99% de las empresas son pequeñas y medianas, mientras que otro estudio de Ucema señala que esa cifra es del 98%.
Con motivo del Día de las Pyme, celebrado a nivel mundial el 27 de junio, se realizaron entrevistas con expertos en áreas clave que impactan en el desarrollo económico y productivo de estas empresas sobre los problemas y oportunidades del sector.
El diagnóstico inicial es unánime: las pymes argentinas deben operar en un contexto que exige la atención simultánea a necesidades de corto y largo plazo, lo cual se torna complejo. Sebastián Lemos Briones, Responsable de Segmento y Productos Empresas en Supervielle, describió esta etapa como “exigente, pero también con oportunidades concretas”.
El principal reto identificado es la administración de la coyuntura, que incluye mantener la demanda, proteger los márgenes, gestionar el capital de trabajo y asegurar acceso a financiamiento oportuno, todo dentro de un contexto que “todavía demanda mucha prudencia”.
Irene Alfiz, Directora de Planificación Estratégica de LUC, destacó que cualquier diagnóstico general sobre las pymes enfrenta limitaciones, ya que la diversidad del sector complica llegar a conclusiones. Los desafíos son diferentes según el rubro, el tamaño, la región y la historia de cada empresa. Algunas deben crecer para satisfacer mercados en proceso de profesionalización, mientras que otras necesitan reconvertirse para avanzar a la siguiente etapa.
Fernando Esperon, Gerente General de Asociart ART, sostuvo que las pymes deben equilibrar múltiples variables, incluyendo la generación de ventas, la gestión eficiente de costos y el acceso a recursos para financiar su desarrollo.
Dentro de este panorama diverso, hay segmentos con oportunidades más evidentes. Alfiz señaló que en áreas como el agro, la minería y los combustibles, las empresas de esas cadenas de valor “tienen muchas oportunidades de crecimiento a medida que la producción y las inversiones aumentan”. El desafío radica en cumplir con las nuevas exigencias que impone ese crecimiento respecto a gestión y profesionalización.
Lemos Briones añadió una dimensión geográfica, resaltando que la nueva coyuntura económica está generando demanda en sectores vinculados al petróleo y gas, así como a la minería, con un “potencial de crecimiento enorme”. Para las pymes que aún no exportan, iniciar ese camino debería ser una prioridad. La apertura hacia nuevos mercados, tanto geográficos como sectoriales, se presenta como una vía concreta de crecimiento disponible.
A pesar de los sectores más dinámicos, los expertos coincidieron en que la profesionalización de la gestión es el aspecto que más distingue a las empresas que crecen de las que se estancan. Este problema, aunque no es nuevo, se vuelve más urgente en el contexto actual.
Alfiz fue clara: “El crecimiento sin una buena planificación puede resultar costoso”. En el ámbito económico-financiero, enumeró factores que hoy requieren atención rigurosa: el costo del financiamiento, la estructura impositiva y los costos de producción. “Todos los aspectos relacionados con la eficiencia requieren un planeamiento estricto y flexible”, acentuó.
Paula Chmielnicki, CEO de PCH, consultora especializada en la profesionalización de pymes, advirtió sobre una distinción crucial para entender por qué muchas empresas no logran escalar. Aseguró que existe una diferencia entre tener un estilo de vida y tener un negocio. El primero se considera “un autoempleo con buena prensa”: una estructura que depende de una persona, mientras que el segundo sigue operando en ausencia del fundador.
Su diagnóstico es contundente: “La mayoría de las pymes argentinas no fracasan por cuestiones comerciales: tienen demanda, productos y mercados. Fracasan porque no cruzaron esa línea”.
El obstáculo, añadió, no es económico: “Es un problema de gestión disfrazado de falta de recursos. Y el tema de gestión, a diferencia de lo macroeconómico, no se soluciona esperando a un nuevo gobierno”.
Uno de los cambios más evidentes en el entorno pyme en los últimos años es el papel de la tecnología en la estrategia de crecimiento. Natalia Jiménez, Directora Regional de Deel para Latinoamérica, planteó que el desafío central para las pymes argentinas está más relacionado con la mentalidad que con lo operativo: “El mercado laboral es global, y la competencia también”. Las empresas que continúan enfocándose solo en su contexto local, advirtió, están cediendo terreno sin darse cuenta.
La barrera para operar a nivel global anteriormente era de tipo estructural, ya que contratar en otro país requería meses de trámites y una inversión que muchas pymes no podían costear. Hoy, esa barrera ha disminuido significativamente. “El límite es casi siempre una decisión, no un impedimento operativo”, destacó. La decisión más importante que puede tomar una pyme es “dejar de ver la tecnología como un gasto y comenzarla a considerar como infraestructura para crecer”.
Lemos Briones reforzó esta noción desde una perspectiva financiera: digitalizar no significa únicamente operar por canales en línea, sino también simplificar procesos de cobros, pagos, administración y acceso al crédito. “Una pyme que minimiza fricciones operativas ahorra tiempo, incrementa su eficiencia y puede concentrarse más en su negocio”, afirmó.
Jiménez advierte que la brecha entre las empresas que han avanzado en este camino y las que no lo han hecho se está ampliando, creando una presión real que antes no existía.
En este contexto, el acceso al talento también se presentó como un eje decisivo. Jiménez mencionó que las empresas que crecen más rápidamente son las que han encontrado la manera de gestionar este recurso: saben cuáles son las capacidades que necesitan, dónde encontrarlas y cómo integrarlas sin que la complejidad operativa interfiera en el negocio. Muchas recurren al mercado internacional, no solo por motivos de costos, sino porque hay perfiles en áreas como tecnología, diseño y finanzas que “simplemente no están disponibles en el mercado local”. Acceder a este talento de manera ágil, afirmó, “ya es una ventaja competitiva real”.
Este cambio de enfoque también se refleja en cómo las pymes perciben su propio futuro. Según Jiménez, hace unos años el énfasis estaba en solucionar la coyuntura. Actualmente, el discurso ha cambiado: hay más empresas preguntando cómo escalar, cómo ingresar a nuevos mercados y cómo adquirir habilidades que antes consideraban inalcanzables. Lo que más les preocupa ahora, resumió, es no quedar rezagadas.
“Las pymes que están creciendo en la actualidad comparten una característica: no esperaron las condiciones ideales para profesionalizar sus operaciones”, aseguró la especialista.
Fernando Esperon ofreció un enfoque poco habitual en el debate sobre pymes, centrándose en la protección del capital humano como variable clave para la sostenibilidad. Según su contacto diario con empresas, se da una ampliación de la perspectiva de riesgo. Tradicionalmente, la prioridad era proteger los activos físicos. Sin embargo, actualmente crece la preocupación por las personas que permiten la operación.
Los datos de su cartera reflejan esta tendencia: en el último año, las coberturas relacionadas con el capital humano crecieron por encima del promedio del mercado. Por ejemplo, Vida Colectivo aumentó casi un 300% interanual, Accidentes Personales junto con Salud y Sepelio creció un 116%, y Riesgos del Trabajo aumentó cerca de un 60%. “Las empresas comprenden cada vez más que la ausencia de un empleado clave puede impactar de forma directa en la continuidad del negocio”, explicó Esperon.
Este fenómeno se debe a varios factores: el costo laboral ha incrementado y reemplazar talento calificado se ha vuelto más complejo y costoso. Además, en las empresas con menos de diez empleados, que constituyen dos tercios del universo pyme argentino, la ausencia de una sola persona puede tener un impacto operativo inmediato.
Lo que ha cambiado, según Esperon, no es la preocupación en sí, sino la valoración económica de ese riesgo. Las pymes están incorporando la protección de su capital humano como un componente esencial de la continuidad del negocio.
El acceso al crédito representa otro eje donde tanto los expertos como las pymes ven simultáneamente un desafío y una oportunidad. Irene Alfiz sugirió que a medida que se normalice el acceso al financiamiento para las pymes, se generarán más oportunidades para financiar el crecimiento, siendo clave estar preparados cuando estas lleguen. Lo ilustró con una analogía: tener la documentación en orden es como tener el pasaporte al día, listo para cualquier viaje inesperado. “Puede ser demasiado tarde” para gestionarlo una vez que la oportunidad ya se presenta.
Lemos Briones contextualizó el fondo de la preocupación: lo que más inquieta a las pymes en este momento es la productividad del capital. “Cada peso cuenta, cada dólar cuenta y cada decisión financiera puede afectar la competitividad de la empresa”, enfatizó. En este marco, las empresas buscan soluciones que les permitan mantener liquidez y, a la vez, generar valor, destacando la importancia de resolver más necesidades de manera integrada, con rapidez y sin perder tiempo en gestiones ajenas al negocio central.