Un informe privado señaló que la brecha se acerca a tres veces la tasa de un plazo fijo. El escenario refleja las dificultades que atraviesa el mercado de crédito, con pocos incentivos tanto para los bancos a prestar como para las familias a tomar nuevos préstamos.
Desde el Gobierno reconocen la situación, aunque por el momento no contemplan medidas específicas para modificarla. La expectativa oficial es que la competencia entre las entidades financieras genere una reducción de las tasas a medida que los bancos busquen colocar sus fondos mediante préstamos en lugar de mantenerlos sin utilizar.
Actualmente, los préstamos personales tienen un costo aproximado del 66% anual en términos nominales, sin contemplar gastos administrativos e impuestos. En contraste, la tasa Badlar, que refleja el rendimiento que los bancos pagan por los depósitos a plazo fijo mayoristas, se ubica en torno del 21% al 22% anual.
La diferencia entre ambas tasas comenzó a ampliarse desde mediados de 2024. La desaceleración de la inflación permitió una baja generalizada de las tasas de interés, pero el costo de los depósitos se redujo con mayor intensidad que el de los préstamos. A esto se sumó el incremento de la morosidad, que amplió todavía más la distancia.
Entre las explicaciones planteadas por el sistema financiero aparece el mayor riesgo de incumplimiento de los hogares. Las entidades sostienen que esa situación limita su disposición a prestar y, al mismo tiempo, genera presión para reducir las tasas ofrecidas por los depósitos. Mantener fondos sin colocar también tiene un costo para los bancos, por lo que una alternativa consiste en destinarlos a instrumentos de deuda del sector público.
Esta dinámica podría estar vinculada con el resultado de las últimas licitaciones de bonos y letras en pesos realizadas por el Ministerio de Economía, en las que las colocaciones superaron ampliamente los vencimientos.
Desde el sector financiero también señalan que la diferencia entre las tasas de depósitos y préstamos no se traduce directamente en ganancias para los bancos. Entre los factores que inciden mencionan el riesgo de crédito, los requerimientos de capital y los costos operativos.
A su vez, desde un banco estatal señalaron que la elevada morosidad y la menor demanda interna reducen los incentivos para ampliar el financiamiento a las familias. En ese contexto, el costo de los préstamos se mantiene elevado mientras la remuneración de los depósitos permanece en niveles más bajos.
Otro de los factores mencionados es el cambio en el comportamiento de los hogares a partir de la desaceleración de la inflación. Durante períodos de mayor inflación, las cuotas de los préstamos perdían peso en términos reales con el paso del tiempo. Con la desinflación, las tasas pasaron a ser positivas y las cuotas dejaron de diluirse, mientras los salarios no registraron un aumento suficiente para compensar ese efecto.
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, se refirió a la morosidad y a la diferencia entre las tasas y señaló que no hay medidas específicas en evaluación para resolver el problema. Respecto de una eventual flexibilización de los encajes, sostuvo que la brecha no responde únicamente a esa regulación y remarcó también el impacto de los impuestos.
Bausili planteó que el objetivo del equipo económico es reducir lo que definió como una “fricción de precios”, en referencia a la falta de competencia suficiente en el mercado de crédito.
La incertidumbre sobre la evolución de las tasas en el mediano plazo también aparece entre los factores que condicionan las decisiones de los bancos. En particular, existe preocupación por la posibilidad de que el Banco Central vuelva a incrementar las tasas durante el próximo año, lo que genera un componente de incertidumbre que dificulta una reducción de los costos financieros a largo plazo.