En lo que va del año, el dólar se depreció apenas un 4%, frente a una inflación acumulada del 23,6%. Esta diferencia provocó una apreciación real del peso y una caída del 13,2% en el tipo de cambio real bilateral.
Desde Delphos Investment señalaron que, con el Banco Central enfocado en acumular reservas y una mayor liquidación de divisas del sector agropecuario prevista para el cierre del año, no esperan presiones cambiarias que justifiquen un aumento significativo de las tasas de interés. Sin embargo, el mercado anticipa tasas más elevadas tanto en pesos como en dólares hacia adelante, sin proyectar modificaciones relevantes en el tipo de cambio.
Esta expectativa se observa en la curva de los bonos ajustados por CER, conocidos como Boncer, que muestra diferencias entre los vencimientos anteriores y posteriores al final del actual mandato presidencial. Una señal similar surge de la brecha entre las tasas de los bonos AO27 y AO28, que apunta a un incremento de los rendimientos en dólares a futuro. A pesar de estas proyecciones, el diferencial entre las tasas en pesos y en dólares se mantiene relativamente estable.
La combinación de tasas elevadas a largo plazo y un tipo de cambio proyectado sin grandes variaciones da lugar a un dólar breakeven estable. Este indicador representa el tipo de cambio a partir del cual una inversión en pesos y otra en dólares ofrecen rendimientos equivalentes.
Al comparar la tasa real en pesos del bono Boncer TZXS8 con la tasa en dólares del AO28, ajustada por una inflación estadounidense del 2,5%, el análisis estima un tipo de cambio real implícito de $1.600 para octubre de 2028, un nivel cercano al actual.
Frente a este escenario, los analistas se preguntan si el mercado está descontando tasas de interés excesivamente altas o si, por el contrario, está proyectando un dólar demasiado bajo. Para evaluar esa relación, el informe compara la paridad de los bonos soberanos Bonares con la evolución del tipo de cambio real.
Según Delphos, la relación entre ambas variables se mantiene alineada con su comportamiento histórico. En períodos de estabilidad y paridades elevadas, el peso tiende a apreciarse en términos reales, mientras que en momentos de tensión financiera suele ocurrir lo contrario.
Para octubre de 2028, la paridad implícita del bono AL35 se ubica en el 76%. Al contrastar ese nivel con el dólar breakeven estimado para el mismo período, la relación se mantiene dentro de los rangos históricos, lo que, de acuerdo con el análisis, sugiere que el tipo de cambio proyectado no sería excesivamente bajo.
La estrategia del equipo económico también apunta a sostener la estabilidad cambiaria, con el Banco Central concentrado en la compra de divisas para fortalecer sus reservas. A esa dinámica se suma la expectativa de una mayor liquidación del sector agropecuario hacia fin de año.
De los US$34.000 millones proyectados en liquidaciones para 2026, hasta el momento se registraron US$22.300 millones. Para alcanzar el total previsto, el ingreso promedio debería acercarse a los US$4.000 millones mensuales durante el último trimestre, un ritmo superior al habitual.
En este contexto, Delphos considera que un aumento significativo de las tasas resulta difícil de anticipar mientras no se intensifiquen las presiones sobre el dólar. Con un Banco Central que busca llegar al año electoral con mayores reservas y una oferta de divisas que podría aumentar hacia fin de año, el escenario base del análisis combina tasas elevadas a largo plazo con una expectativa de estabilidad cambiaria.