Con un enfoque científico, un grupo de investigadores argentinos se ha propuesto indagar la vida de Deolinda Correa, conocida como la Difunta Correa, una figura venerada en un santuario en el desierto de San Juan. El Arzobispado de San Juan, en colaboración con el Instituto de Historia Regional Argentina Héctor Arias de la Universidad Nacional de San Juan, ha iniciado un estudio para establecer “la existencia de Deolinda Correa, con fuentes documentales confiables”. Según informes de un medio local, el equipo de investigación está liderado por Carlos Moreno, José Juan García y Fredi Varas, quienes ya han comenzado la recolección de evidencias. Su primer objetivo es encontrar cualquier documento que demuestre que Deolinda y su hijo, a quien supuestamente amamantó en el desierto después de su muerte, realmente existieron. Este ambicioso proyecto requerirá al menos tres años para hallar pruebas y validar la leyenda que ha convertido a Deolinda en una figura popular. Este trabajo forma parte de la cátedra de Estudio de las Expresiones de la Religiosidad en la Historia Local y Regional del Instituto Héctor Arias en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan. Todas las fuentes de información son válidas. Los investigadores comenzarán su trabajo revisando libros de bautismos y matrimonios en archivos de diversas parroquias, incluyendo La Merced, la Iglesia Catedral, Angaco, San Martín, Jáchal y Albardón. Además, anunciaron que contarán con la colaboración de la organización mormona Family Search, que ha facilitado acceso a plataformas digitalizadas. Una de las pistas que seguirán es localizar a algún descendiente del supuesto hijo de Deolinda. El sacerdote José Juan García hizo referencia a dos anuncios publicados en 1865 por un tal Baudilio Bustos Correa en un diario local, que fijaba su domicilio cerca de la Plaza 25 de Mayo antes de trasladarse a Córdoba. Se sospecha que el hijo podría haberse establecido en Córdoba o en La Rioja, en el área de Tigre de los Llanos. La leyenda cuenta que en 1840, Deolinda murió de sed en el desierto mientras huía de las milicias que buscaban a su marido, llevándolo en brazos junto a su bebé. Se dice que unos arrieros encontraron su cuerpo y descubrieron que el pequeño había sobrevivido mientras se alimentaba con la leche de su madre. El santuario de la Difunta Correa se encuentra en Vallecito, un municipio de Caucete, a 60 kilómetros de la capital sanjuanina. Cada año, miles de fieles visitan el lugar para dejar ofrendas, agradeciendo los favores recibidos. Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de AFA, es un ferviente devoto de la Difunta. “Las promesas se deben cumplir o la Difunta te las cobra”, se ha convertido en un mantra entre los sanjuaninos, especialmente entre los cerca de 900 residentes de Vallecito. Esta frase marcó la infancia del presidente de AFA, quien incluso llevó una réplica de la Copa del Mundo al santuario.