El estudio, llevado a cabo por Norman P. Li, de la Universidad de Administración de Singapur, y Satoshi Kanazawa, de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, fue publicado en 2016 en la revista British Journal of Psychology.
Los científicos analizaron las respuestas de 15.197 individuos de entre 18 y 28 años, que habían participado en una investigación anterior. Se enfocaron en cuatro aspectos clave.
Los resultados indicaron que aquellos que interactuaban más frecuentemente con sus amigos mostraban mayor satisfacción con su vida. No obstante, para sustentar este hallazgo, fue necesario considerar el estado civil, ya que las personas casadas reportaban una mayor satisfacción, aunque socializaban menos con sus amistades.
Al evaluar los resultados según el nivel de inteligencia, emergió un patrón diferente: aquellos con coeficientes intelectuales más bajos tendían a tener más contacto con sus amigos y a manifestar una mayor satisfacción.
Carol Graham, investigadora de la Brookings Institution y especialista en la economía de la felicidad, ofreció una posible explicación: “Los hallazgos aquí presentados sugieren (y no es ninguna sorpresa) que aquellos con mayor inteligencia y la capacidad de utilizarla son menos propensos a dedicar tanto tiempo a socializar porque están enfocados en algún otro objetivo a largo plazo”, dijo el entrevistado.
Los autores del estudio fundamentaron sus conclusiones en lo que denominan “teoría de la felicidad de la sabana”, que sostiene que el cerebro humano sigue programado para responder de modo similar a como lo hacían nuestros ancestros en la sabana africana.
En esa época, vivir en grupos pequeños hacía indispensable mantener un contacto frecuente con amigos y aliados para la supervivencia, ya que la falta de interacción podía acarrear consecuencias adversas.
Así, los científicos sugirieron que una mayor inteligencia podría facilitar una mejor adaptación a las condiciones actuales, lo que implica que quienes poseen un coeficiente intelectual más alto podrían no verse afectados de la misma manera por la falta de socialización.
“En general, las personas más inteligentes tienden a tener preferencias y valores ‘poco naturales’ que nuestros antepasados no compartían. Es natural que los seres humanos busquen y valoren la amistad, por lo cual los individuos más inteligentes tienden a buscarlas menos”, añadió Kanazawa.
Otro hallazgo relevante fue que, en términos generales, una mayor densidad poblacional se correlaciona con una menor satisfacción en la vida; no obstante, este efecto es menos significativo entre las personas más inteligentes.
“Generalmente, los habitantes urbanos poseerían un nivel promedio de inteligencia más alto que aquellos que residen en áreas rurales, posiblemente porque los individuos más inteligentes están mejor preparados para desenvolverse en entornos de alta densidad de población, que podrían considerarse ‘antinaturales’”, concluyó Kanazawa.