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Treinta años del Caso Coppola: drogas, corrupción y el escándalo que transformó la televisión argentina

9 octubre, 2026
in Sociedad
Treinta años del Caso Coppola: drogas, corrupción y el escándalo que transformó la televisión argentina
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El Caso Coppola se convirtió en un fenómeno de conversación pública, abarcando desde la corrupción hasta el escándalo mediático. Este episodio, con sus múltiples giros, personajes extravagantes y complejas intrigas, atrajo la atención de la sociedad durante varios meses, convirtiéndose en un tema candente.

Drogas, sexo, personalidades llamativas, Maradona, escuchas telefónicas, y cámaras ocultas fueron solo algunos de los elementos que definieron este caso. La historia también incluyó policías corruptos, jueces descontrolados, maniobras de prensa y abogados que surgieron a la luz pública, todo ello a medida que brotaba un nuevo género en la televisión: el talk show salvaje.

Han pasado tres décadas desde que Guillermo Coppola, en ese entonces representante de Diego Maradona, fue arrestado bajo la sospecha de traficar drogas. El elenco de esta saga parece una alineación de fútbol: Coppola, Natalia De Negri, Samanta Farjat, Julieta Lavalle, Conejo Tarantini, entre otros; y en el banco de suplentes un sinfín de nombres adicionales: el jarrón, Roberto Schägel, Chiche Gelblung, Mauro Viale, y Ricardo Darín. Cada uno aportó un peldaño a esta compleja historia.

El 9 de octubre de 1996, el departamento de Guillermo Coppola fue allanado, y en un jarrón, que más tarde se haría famoso, se encontró un paquete que contenía 406 gramos de un polvo blanco que se identificó como cocaína. En aquel momento, Coppola no se encontraba en su hogar; había anticipado el allanamiento y se había refugiado en la casa de su madre. Para evitar que los policías rompieran la puerta, dejó las llaves a su encargado, y estuvo prófugo solo algunas horas. Al mediodía siguiente, se entregó de manera inusual: ante las cámaras de televisión. En esos días, Maradona, que también estaba bajo un contrato con un canal, impulsaba su propia exposición mediática. Por lo tanto, el propio Coppola se subió a un auto con el periodista Néstor Ibarra, que estrenaba su programa, y brindó una entrevista, justo antes de que la policía lo interceptara. Saludos finales, repartición de comunicados de prensa y una entrada al vehículo policial marcaron el final de su libertad. A pesar del temor y la tensión, su porte fue el de alguien que enfrentaba una adversidad, manteniendo la compostura.

A partir de allí, el caso Coppola se convirtió en un escenario caótico, un campo de batalla eufórico y kitsch, donde la desmesura estaba a la orden del día. Todo aquel que se involucraba en el caso parecía traspasar una línea hacia un mundo de locura, en el que solo reinaban la falta de recato y el desenfreno. Jueces, policías, abogados, imputados, testigos y periodistas se sumergieron en una realidad distorsionada.

Los acontecimientos no comenzaron el día del allanamiento. El juez Hernán Bernasconi había estado buscando destacar su carrera con casos resonantes. Había arrestado a personajes como el dueño de Ku, un boliche en Pinamar, al campeón mundial Alberto Tarantini y, según afirmaciones, había llevado a cabo el mayor decomiso de pastillas de éxtasis del mundo, hecho que resultó ser falso. Su supuesta fuerza de elite, conformada por tres policías, resultaba ser más un espectáculo que una verdadera fuerza preventiva, ya que sus acciones eran torpes y notorias.

Bernasconi fijó su mirada en Maradona y/o en Coppola. En esa época, Diego atravesaba momentos difíciles; su desempeño en Boca era errático y lidiaba con problemas que involucraban controles antidoping cuestionables y una fallida rehabilitación en Suiza. La cobertura mediática lo había visto convertirse en un paria social, mientras que su manager estaba siempre a su lado. Una revista había descrito a Coppola como “El Padrino”, sugiriendo que estaba bajo vigilancia de la DEA y vinculándolo a crímenes en los que fue injustamente señalado.

A comienzos de octubre de 1996, Bernasconi intensificó sus acciones. Arrestó nuevamente a Tarantini, a Yayo Cozza, a su novia Samanta Farjat y a otra joven llamada Natalia De Negri, además de familiares cercanos a Diego Maradona. Unos días más tarde, tomó la decisión de implicar a Coppola. Todos ellos fueron acusados de poseer drogas con la finalidad de comercializarlas, siendo Coppola señalado como el cerebro de una red de narcotráfico. La operación fue artísticamente llamada “Cielorraso” por las canas de su nombre de guerra.

Coppola insistía en que ese paquete no era suyo. Certificó que sus sacos estaban cosidos. También explicó que había estado al tanto del próximo allanamiento e insinuó que había limpiado su entorno antes de que los oficiales llegaran. Sin embargo, aún desconocía que Bernasconi y su mano derecha estaban involucrados en la plantación de pruebas en el operativo.

Un detalle poco trivial en medio de la trama era la rivalidad política entre Eduardo Duhalde, gobernador de la provincia de Buenos Aires, y Carlos Menem, presidente de Argentina. Este conflicto se reflejaba incluso en los aspectos legales del caso Coppola, afectando las diligencias.

Maradona, en un intento por liberar a su cuñado, supuestamente pagó mucho dinero en el proceso. Mientras eso sucedía, Coppola fue trasladado a una unidad de alta seguridad sin pasar por una comisaría común. Al día siguiente, Diego y Claudia intentaron visitarlo, pero la cantidad de periodistas y admiradores lo obligaron a volver.

Mientras tanto, en el juzgado, Bernasconi presionaba a otros detenidos para que implicaran a Coppola, prometiendoles libertad que nunca cumpliría. La relación entre el caso y la imagen de Coppola se precipitaba hacia lo negativo, mientras su familia decidía contratar a un joven abogado, Mariano Cúneo Libarona, para que tomara el mando de su defensa.

El caso rápidamente traspasó el ámbito judicial y se instaló en la televisión. Mauro Viale, cuyo programa se estancaba, vio en el Caso Coppola una vía para revitalizar su audición y logró convertirla en un escaparate de discusiones desenfrenadas. El estudio se convertía en un campo de batalla donde los participantes lanzaban acusaciones mutuas, se agredían y se amenazaban, creando una atmósfera donde el público se sintió incómodo, pero intrigado simultáneamente. Las chicas involucradas, Farjat y De Negri, emergieron como figuras centrales que aportaban tensión y dramatismo.

El caos mediático se exacerba con el paso del tiempo. Samanta y Natalia se convirtieron en celebridades del momento, sus intervenciones aseguraban nuevos giros y escándalos. La rivalidad entre ambas escaló: un día Samanta acusó a Natalia de estar embarazada de un futbolista, mientras que luego, con el ímpetu de la controversia, sugirió que esta había negado haber usado protección con Maradona. Al día siguiente, la respuesta de Natalia fue incluso más fuerte, desatando el ciclo de ataques y defensas que mantuvo cautiva a la audiencia.

Resultaba que Mauro no era el único en aprovechar el escándalo. Chiche Gelblung, en Canal 9, se destacó como otro jugador clave, aunque sus limitaciones de tiempo en pantalla contrastaban con el caos constante de Viale. La competencia entre ambos llevaron al punto en que los programas literalmente “se robaran” a los invitados, usando tácticas para mantenerlos más tiempo del que originalmente habían acordado.

Aunque muchas de las situaciones se presentaban como espontáneas, los productores manipulaban la dinámica de discusión, alimentando el deseo de notoriedad de los participantes. Las chicas, por su parte, comenzaron a recibir compensaciones monetarias significativas por sus apariciones, alcanzando cifras que en ese momento eran bastante altas. Natalia y Samanta recibían entre 1.500 y 5.000 pesos según el horario de su intervención.

Entre estas dinámicas, otra figura irrumpía en la escena televisiva: Natalia Villar, expareja de un empresario vinculado a actividades nocturnas. Su presencia aportaba un aire de misterio, siempre acompañada por su madre, mientras que Julieta Lavalle prefería una postura cautelosa, evitando el resplandor mediático.

El programa de Viale alcanzó en un momento picos de más de 30 puntos de rating diarios. La presión y las críticas comenzaron a llegar de diferentes sectores, llevando a los anunciantes a distanciarse. Sin embargo, Viale persistió, y poco tiempo después firmó un contrato millonario con otro canal. A pesar de las adversidades, su enfoque fue incansable y directo, y el objetivo era claro: incrementar la audiencia a toda costa, incluso desnudando la imagen de su rival.

Samanta logró convertirse en la figura con mayor presencia en los medios. Sus intervenciones la llevaron a compartir mesas con figuras icónicas como Mirtha Legrand y a recibir propuestas para diferentes proyectos de entretenimiento. Su nombre se instaló en la cultura popular gracias a frases que la asociaron con el escándalo, incluso le habían dedicado una canción.

Natalia, por su parte, también cosechó éxitos en su carrera musical, a pasar de que su notoriedad en el contexto del caso fue siempre objeto de controversia.

Mientras las audiencias continuaban cautivadas, Cúneo Libarona no se quedó atrás. Su trabajo en defensa de Coppola fue arduo y lo llevó a convertirse también en una figura mediática. Generó presiones, presentó escritos, y mediante maniobras astutas, logró convencer a testigos para que cambiaran sus relatos a favor de su defendido. Las declaraciones de Samanta y Julieta fueron clave; ambas modificaron su testimonio en un episodio que involucró a un nuevo juez que tomó a su favor su versión.

Las acusaciones iniciales contra Coppola empezaban a tambalear. Bernasconi se mostraba reticente a liberar a los acusados, aún teniendo en cuenta que las pruebas habían sido cuestionadas. En el paquete hallado en el jarrón se detectó que solo un pequeño porcentaje era realmente cocaína y de mala calidad. Las luchas de poder dentro del ámbito político y judicial continuaban. Mientras Duhalde respaldaba al juez, Menem parecía propiciar la liberación de Coppola, pero el peso del espectáculo mediático no se podía ignorar.

Bernasconi mostró desesperación a medida que su estrategia iba viéndose desmoronada. Afirmó tener apoyo de agencias de narcóticos y anunció la llegada de fiscales italianos que nunca existieron.

En la televisión, las revelaciones se multiplicaron. Escuchas y videos comprometidos empezaron a aparecer, involucrando a más personajes notorios de la época, incluidos Maradona y Darín. La intriga se intensificaba mientras la gente esperaba el desenlace.

Finalmente, la Cámara de Casación le quitó la causa a Bernasconi, trasladándola a un juzgado en la Capital. Su nuevo juez, Liporaci, se topó con una estructura de acusaciones que desmoronaba ante la falta de pruebas. Eventualmente, una imputación debió enfrentar a Coppola en referencia a una fiesta que habría tenido lugar en su departamento, aunque la evidencia para apoyarla era escasa y abandonada.

Tras 97 días de detención, Guillermo Coppola fue liberado. Enfrentó a los medios con su historia, expresando que la decisión judicial había sido simplemente la correcta desde un punto de vista legal. Su liberación marcó el fin de una fase de su vida y el retorno a la amistad con Maradona, mientras que se sentó nuevamente en el set de Viale, este último al borde de una tensión palpable.

Cúneo Libarona vio en la victoria una gran conquista, habiendo navegado por aguas turbulentas que amenazaban su carrera. Sin embargo, la presión mediática sobre él también afluyó, y pronto se supo de su relación con su secretaria, un hecho que obligó a su vida personal a convertirse en objeto de especulación.

Con el paso del tiempo, la vida de todos los implicados se transformó. La absolución de Coppola no marcó el final de las complicaciones para él. Su figura continuó siendo objeto de scrutiny en el ámbito mediático, asistiendo como testigo en juicios que resultó en condenas para los policías involucrados. Bernasconi, en una serie de eventos desatados, perdió eventualmente sus fueros y enfrentó la prisión.

Poco después Samanta se casó con un líder de la barra brava y Natalia Denegri forjó su carrera en Estados Unidos, llegando a alcanzar el estatus de filántropa y productora, aunque aún lidiando con las cicatrices de su pasado mediático.

Aunque marcado por la controversia del escándalo, el legado del Caso Coppola sigue vigente, recordando el impacto duradero que puede tener un episodio en el entramado social, político y cultural del país.

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