La atención se intensificó después de que Meta registrara una caída del 7% en sus acciones tras divulgar sus resultados y anunciar un incremento en el gasto proyectado en infraestructura para IA. Aunque la compañía superó las estimaciones de ingresos y ganancias, elevó su previsión de inversión de capital para 2026 a US$135.000 millones y reportó un flujo de caja libre negativo durante el tercer trimestre.
La reacción del mercado se extendió a otras compañías vinculadas con la inteligencia artificial. Nvidia perdió un 4%, el índice de semiconductores de Filadelfia retrocedió un 6,7% y el Nasdaq cayó un 2,6%. El movimiento reflejó una mayor exigencia de los inversores, que ya no evalúan únicamente el crecimiento de los ingresos, sino también el costo necesario para sostenerlo.
En este contexto, Alphabet y Microsoft presentarán sus balances el miércoles, mientras que Amazon lo hará el jueves. Los resultados permitirán evaluar si la reacción negativa a Meta responde a una situación particular o si anticipa una revisión más amplia de las expectativas sobre las grandes tecnológicas.
Meta también anunció cambios en su estructura de capital, con la creación de una nueva clase de acciones sin derecho a voto. La compañía prevé asignar una nueva acción por cada acción actual, en una operación similar a un desdoblamiento de acciones de dos por uno, con fecha efectiva prevista para enero de 2027.
La empresa busca captar hasta US$95.000 millones mediante distintas emisiones, incluidos hasta US$60.000 millones a través de la nueva Clase C. Además, Nvidia, AMD y Broadcom manifestaron interés en adquirir acciones por hasta US$5.000 millones, aunque esa intención no es vinculante.
Los movimientos muestran que el financiamiento se convirtió en una pieza central de la competencia por la inteligencia artificial. Las grandes empresas tecnológicas necesitan ampliar sus centros de datos, adquirir semiconductores y asegurar capacidad energética, al tiempo que deben demostrar que esos desembolsos se traducirán en ingresos y beneficios concretos.
Las estimaciones sitúan la inversión de capital conjunta de las grandes empresas de infraestructura tecnológica, conocidas como hiperescaladoras, en torno a los US$800.000 millones durante este año. El gasto impulsa a compañías de sectores como semiconductores, energía, equipamiento y construcción de centros de datos, pero también genera dudas sobre su sostenibilidad frente al aumento de los costos financieros.
Por eso, los próximos balances serán examinados más allá de las cifras trimestrales. Los inversores prestarán especial atención a las previsiones de inversión, los márgenes de rentabilidad, el flujo de caja y las explicaciones de los ejecutivos sobre cuándo esperan obtener retornos de sus proyectos de inteligencia artificial.
En Alphabet, el foco estará puesto en la evolución del buscador de Google, el crecimiento de Google Cloud y el desarrollo de sus procesadores especializados para IA, conocidos como TPU. La compañía viene ampliando sus inversiones en infraestructura, por lo que el mercado buscará determinar si el crecimiento de sus negocios compensa el capital necesario para sostenerlos.
Los resultados también permitirán evaluar cómo interpreta Alphabet la evolución de la demanda de servicios de inteligencia artificial. Cualquier cambio en sus planes de inversión podría ser leído por los inversores como una señal sobre sus expectativas de crecimiento y la velocidad con la que espera convertir esa tecnología en una fuente de ingresos.
En el caso de Microsoft, uno de los principales indicadores será el desempeño de Copilot, su conjunto de herramientas de inteligencia artificial, junto con la evolución de su negocio en la nube. La empresa deberá mostrar cómo se traducen sus inversiones en una mayor demanda de servicios y qué costos implica mantener la infraestructura necesaria para responder a ese crecimiento.
Los centros de datos requieren desembolsos de largo plazo en servidores, chips, redes, almacenamiento y energía. Si la demanda avanza con rapidez, el aumento del gasto puede fortalecer las perspectivas de negocio. Pero si los ingresos crecen más lentamente de lo previsto, los inversores podrían revisar las valuaciones de las compañías, en especial después de la reacción que provocó el balance de Meta.
Amazon también llegará a la presentación de resultados con la evolución de su negocio en la nube como uno de los principales puntos de atención. En el segundo trimestre, Amazon Web Services (AWS) aceleró el crecimiento interanual de sus ingresos al 37% y alcanzó un beneficio operativo de US$16.600 millones.
Sin embargo, la compañía proyecta inversiones de capital cercanas a los US$220.000 millones para 2026, destinadas en parte a ampliar su infraestructura tecnológica. Al mismo tiempo, su flujo de caja libre de los últimos doce meses pasó a terreno negativo, una señal que podría aumentar el escrutinio sobre la relación entre el gasto y la generación de efectivo.
El panorama general de la temporada de balances también muestra una diferencia entre superar las previsiones y recibir una reacción positiva en la Bolsa. Hasta el momento, alrededor del 10% de las empresas del S&P 500 había presentado sus resultados. De ellas, el 84% superó las estimaciones de ganancias, por encima del promedio del 78% registrado en los últimos cinco años.
No obstante, el margen de esas sorpresas fue menor: las ganancias quedaron un 2,6% por encima de las expectativas, frente a un promedio histórico del 7,5%. Además, las acciones de las empresas que superaron las previsiones registraron una caída promedio del 0,2% en torno a la publicación de sus balances, en contraste con la suba histórica del 0,9%.
La decisión de la Reserva Federal sobre las tasas de interés completará una semana decisiva para los mercados. Las expectativas apuntan a que la entidad mantendrá las tasas sin cambios, aunque cualquier señal sobre una posible flexibilización futura podría modificar las perspectivas para las acciones tecnológicas, cuyas valuaciones dependen en gran medida de los beneficios esperados a largo plazo.
Así, los balances de Alphabet, Microsoft y Amazon serán una prueba para el modelo de crecimiento basado en la inteligencia artificial. El mercado buscará comprobar si las inversiones multimillonarias comienzan a traducirse en resultados suficientes o si el costo de sostener la competencia tecnológica empieza a pesar sobre la rentabilidad y el flujo de caja.