El cambio también se refleja en la composición de las compras. Arroz, fideos, papa, yerba y leche ganaron espacio frente a productos de mayor costo, mientras que disminuyó la demanda de algunas carnes, lácteos, frutas y verduras. Para los almacenes, esta transformación implica además trabajar con productos que dejan menores márgenes de rentabilidad.
En Córdoba, un relevamiento del sector registró una caída interanual del 8,5% en las ventas por volumen, considerando almacenes, carnicerías, verdulerías, panaderías, bodegas y fiambrerías. La contracción lleva 11 meses consecutivos y, según se advirtió, una eventual comparación con meses anteriores de bajo consumo podría reducir estadísticamente el porcentaje de caída, aunque eso no representaría una recuperación de las ventas.
En los comercios bonaerenses también se observa que el consumo pierde fuerza hacia el final de cada mes. A partir de alrededor del día 20, las compras tienden a concentrarse en cantidades pequeñas y en aquello que resulta indispensable para cada hogar.
La pérdida de poder adquisitivo lleva a que los consumidores compren menos unidades, abandonen progresivamente las marcas líderes y posterguen productos que anteriormente formaban parte de sus compras habituales. Entre los ejemplos mencionados aparece el gasto en leche: un litro puede costar unos $2.000, por lo que una familia con dos niños destinaría alrededor de $4.000 diarios a ese producto, unos $120.000 al mes, sin considerar otros gastos como el alquiler.
La modificación de los hábitos también tiene un impacto sobre la alimentación. La carne vacuna perdió participación y, luego de un período de recuperación, también se registra una baja en el consumo de cerdo. En cambio, el pollo pasó a tener mayor presencia en las compras familiares. El reemplazo, sin embargo, no compensaría completamente la reducción en la incorporación de proteínas animales.
También se señaló una menor adquisición de frutas, verduras de hoja verde y lácteos, mientras que aumentó el consumo de alimentos con mayor capacidad de saciedad, como papa, arroz y fideos. En algunos hogares, además, se redujeron las porciones y se eliminaron comidas diarias. Una de las modificaciones mencionadas es la sustitución de la cena por una merienda tardía que, en determinados casos, no alcanza para cubrir una comida completa.
Al mismo tiempo, continúan los aumentos de precios en distintos productos de consumo cotidiano. Los lácteos acumularon incrementos de entre 2,5% y 4% mensuales, con una suba cercana al 17% en el período señalado. Las galletitas aumentaron más de 5% durante el mes anterior y el aceite también registró incrementos que dificultan su compra para parte de los consumidores. A estos productos se suman artículos de limpieza y de higiene personal.
El encarecimiento también modifica el lugar que ocupan las distintas marcas en las góndolas. Los productos de primera marca permanecen durante más tiempo sin venderse debido a sus precios, mientras los comercios buscan alternativas elaboradas por pequeñas y medianas empresas para ofrecer opciones de menor costo. De esta manera, las marcas de pymes comenzaron a ganar espacio en las estanterías.
La dificultad para afrontar las compras también se refleja en las formas de pago. Durante agosto, el 77% de las familias habría financiado de alguna manera la adquisición de alimentos. Cerca de la mitad de ese financiamiento se realizó mediante tarjetas de crédito, mientras que el 47% recurrió al fiado.
Esta última modalidad comenzó a alcanzar incluso a hogares que ya agotaron el límite de sus tarjetas. El fiado también aparece como una alternativa para personas que no forman parte del sistema financiero y para familias que ya utilizaron otras opciones de pago.
La situación de los consumidores se combina con un incremento de los costos que enfrentan los propios comercios. Entre los principales gastos se encuentra la energía eléctrica, cuyo precio se habría cuadruplicado en dos años. Frente a ese escenario, algunos negocios redujeron gastos, incluso mediante recortes de personal.
En Córdoba ya se registraron cierres de comercios y algunos propietarios analizan alquilar, vender o directamente abandonar sus locales. La posibilidad de que continúen los cierres dependerá de la evolución de las ventas durante los próximos meses y, particularmente, de lo que ocurra hacia fin de año.
En los almacenes bonaerenses relevados, en cambio, todavía no se registraban cierres entre los comercios consultados. El seguimiento realizado en distintas provincias, entre ellas Buenos Aires, Catamarca, San Luis y Tierra del Fuego, tampoco mostraba cierres dentro de las carteras relevadas.
El funcionamiento de estos comercios queda así estrechamente ligado a la capacidad de compra de los vecinos. Frente a la caída del consumo, los almaceneros ajustan los márgenes de cada producto y buscan sostener las ventas mediante una oferta adaptada a lo que cada cliente puede pagar. La continuidad del negocio depende, en buena medida, de que los hogares puedan conservar capacidad de compra durante todo el mes.