El sector acumula además una pérdida de unos 20.000 puestos de trabajo durante los últimos dos años. La situación resulta especialmente relevante por el peso de la actividad, que representa alrededor del 18% del Producto Bruto Interno industrial argentino.
Entre los principales factores que explican el retroceso aparecen el incremento de las importaciones y, al mismo tiempo, una menor demanda interna. La desaceleración de la construcción, el freno de la obra pública y la pérdida de dinamismo en la provisión de maquinaria y equipos para otras ramas industriales impactaron sobre la actividad.
Las importaciones de productos metalúrgicos llegaron a registrar aumentos cercanos al 80% interanual en algunos meses del año pasado. Aunque durante este año ese ritmo se redujo, el nivel continúa siendo considerado preocupante para el sector.
El problema, sin embargo, no estaría limitado al avance de los productos provenientes del exterior. También se observa una menor comercialización tanto de bienes importados como de producción nacional, una señal de debilitamiento de la demanda interna que afecta al conjunto del mercado.
El deterioro también comienza a impactar sobre las cadenas de valor. Desde el sector industrial advierten que, sin medidas destinadas a equilibrar las condiciones de competencia frente a productos importados que cuentan con subsidios en sus países de origen y sin una mayor integración de la producción local a actividades como petróleo, gas y minería, las dificultades podrían prolongarse hasta 2027.
La estructura empresarial del rubro también influye sobre la evolución del empleo. El 98% de las compañías son pequeñas y medianas empresas de capital nacional, con presencia en distintas regiones del país. La necesidad de capacitar a los trabajadores y el costo de reconstruir equipos especializados hacen que las empresas sean más reticentes a desprenderse de personal o cerrar sus operaciones.
En este contexto, la incorporación de la industria nacional a los sectores considerados estratégicos aparece como una de las principales propuestas. Se estima que las empresas metalúrgicas representan el 70% de las compras industriales vinculadas al petróleo y el gas, mientras que en minería alcanzan el 50%.
La propuesta consiste en aprovechar el crecimiento de esas actividades para generar una mayor participación de las pequeñas y medianas empresas industriales. El objetivo planteado es vincular el desarrollo de los recursos naturales con un proceso de industrialización local, especialmente en minería y energía.
El reclamo dirigido al Gobierno apunta a establecer condiciones similares para las empresas nacionales y los productos importados. En particular, se cuestionó el régimen de grandes inversiones porque, si bien contempla un 20% de compras nacionales, desde el sector consideran que ese porcentaje se concentra principalmente en la obra civil y no produce un impacto suficiente sobre la industria.
Otro de los puntos planteados está relacionado con las condiciones de competencia internacional. Se señaló que países como China aplican subsidios vinculados con las exportaciones, las materias primas y la energía, lo que genera dificultades adicionales para los productores argentinos.
El planteo no apunta a cerrar las importaciones ni a establecer subsidios para la producción local, sino a buscar un mayor equilibrio competitivo. Entre las herramientas mencionadas figuran mecanismos previstos por la Organización Mundial del Comercio, como las medidas antidumping y los valores criterio, utilizados también por otros países.
A pesar del diagnóstico negativo sobre la industria, desde el sector se valoró el ordenamiento de las variables macroeconómicas y de las cuentas públicas. La principal objeción es que ese proceso todavía no alcanzó de manera suficiente a la actividad industrial.
En particular, las altas tasas de interés aparecen como uno de los obstáculos pendientes. El planteo es que la estabilización económica debe complementarse con medidas que permitan incorporar a la industria al proceso de recuperación.