“Hay que hacerle entender al Gobierno nacional que Vaca Muerta no puede recibir al conurbano bonaerense. Y no lo va a hacer porque no entra, en el conurbano bonaerense hay millones de habitantes”, afirmó Sapag durante la feria Argentina Oil & Gas, donde también presentó su libro *Vaca Muerta: Tesoro y faro para la Argentina*.
El exmandatario señaló que las inversiones en infraestructura neuquina aumentan al ritmo del desarrollo petrolero, aunque consideró que ese esfuerzo no sería suficiente para responder a un movimiento poblacional de gran escala. En ese sentido, cuestionó la idea de orientar la migración interna hacia regiones que atraviesan un ciclo de expansión por la actividad energética y minera.
Para Sapag, los problemas económicos y sociales del área metropolitana de Buenos Aires no se resolverán mediante la explotación de recursos naturales en otras provincias. En cambio, planteó la necesidad de impulsar la industria y fortalecer a las pequeñas y medianas empresas.
“La forma de solucionar al conurbano bonaerense no es con la minería, el petróleo o los alimentos, es potenciar la industria con una estrategia dedicada para las pymes”, sostuvo. También aclaró que su postura no implica defender a las grandes compañías que, según cuestionó, se beneficiaron durante años de la protección comercial, sino acompañar a quienes buscan desarrollar nuevos negocios en un escenario de apertura de importaciones.
“En eso no comparto la teoría económica del Gobierno nacional”, agregó. Como ejemplo, mencionó la política arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump y remarcó la importancia de preservar las oportunidades laborales en Neuquén. Según explicó, la cantidad de nuevos trabajadores que llegan a la región es comparable con la de los bebés que nacen allí.
Otro de los puntos centrales de su advertencia fue la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento de Vaca Muerta. Sapag identificó la logística como un área en la que todavía se pueden reducir costos, especialmente en el transporte de arena utilizada en la explotación petrolera.
De acuerdo con sus estimaciones, el movimiento de este insumo ronda los siete millones de toneladas y podría alcanzar entre 15 y 20 millones en aproximadamente ocho años. El incremento de las cargas podría intensificar la presión sobre las rutas provinciales, incluso ante los proyectos que combinan el transporte ferroviario con camiones.
“Ya destruimos la Ruta 22 y ahora podríamos hacer lo mismo con la Ruta 40”, advirtió al referirse a la iniciativa de YPF para trasladar arena mediante un sistema mixto. Según planteó, el aumento del tránsito pesado puede generar nuevos problemas de circulación y afectar tanto a los residentes como a las actividades productivas.
Como alternativa, propuso construir rutas exclusivas para el transporte vinculado con la industria energética. “Así como tenemos gasoductos o oleoductos dedicados, hay que hacer rutas dedicadas y ver quién asume esa responsabilidad”, expresó. La propuesta apunta a separar el tránsito industrial de las vías utilizadas por la población y otros sectores económicos.
Durante su intervención, Sapag también repasó los orígenes del desarrollo de Vaca Muerta. Recordó que la caída de la producción convencional llevó a la provincia a buscar nuevas oportunidades para sostener la actividad hidrocarburífera.
En ese proceso, destacó la importancia de la Ley 26.197, conocida como ley corta, aprobada en 2006, que reconoció a las provincias el ejercicio de derechos sobre los recursos del subsuelo. Según explicó, esa normativa contribuyó a establecer un esquema de cooperación entre el Estado nacional, Neuquén y las empresas petroleras.
Para el exgobernador, esa articulación permitió aprovechar el potencial de Vaca Muerta y sentar las bases de una expansión acelerada de la producción. Además, destacó su contribución a la seguridad energética argentina y concluyó: “Le dimos autoabastecimiento a la república”.