El diputado nacional de Unión por la Patria y exdirector general de Aduanas, Guillermo Michel, ha planteado una profunda reflexión sobre el devenir del movimiento nacional justicialista tras la experiencia de la gestión de Alberto Fernández. En una reciente entrevista, Michel no solo analizó las falencias del pasado inmediato, sino que trazó una línea divisoria tajante al asegurar que “no hay margen para volver a eso”, refiriéndose a las dinámicas internas y de gestión que caracterizaron al último gobierno peronista.
Al analizar las causas de la derrota electoral de 2023, el legislador estableció un paralelismo histórico con la crisis del 2001. Según su visión, la sociedad argentina canalizó una “bronca” profunda hacia la dirigencia política tradicional de manera similar al “Que se vayan todos” de principios de siglo, encontrando en la figura de Javier Milei el vehículo para ese descontento. Michel fue autocrítico al señalar que el oficialismo no logró cumplir con una promesa fundamental del contrato electoral peronista: la recomposición del poder adquisitivo de los trabajadores y jubilados, lo que dejó un terreno fértil para el avance de propuestas disruptivas.
Uno de los puntos más críticos de su análisis se centró en lo que describió como una crisis de conducción y una disonancia política constante. Michel detalló un escenario de desorden donde las decisiones presidenciales a menudo colisionaban con las acciones de ministros y secretarios de Estado, generando una imagen de desgobierno ante la ciudadanía. Esta falta de coordinación política fue contrastada por el diputado con la verticalidad y la capacidad de ejecución de las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, donde primaba la centralidad del mando y la efectividad en la implementación de las políticas públicas.
Finalmente, Michel hizo un llamado urgente a la renovación metodológica del peronismo. Instó a la dirigencia a abandonar el enfoque excesivo en las disputas internas de la provincia de Buenos Aires, abogando por una agenda genuinamente federal que reconozca las realidades y necesidades del interior del país. Su mensaje fue claro respecto al ejercicio del poder: quien asuma el liderazgo debe estar dispuesto a utilizar la “lapicera” con decisión y responsabilidad, evitando las dilaciones que, según su mirada, tanto daño le hicieron a la última administración.