La transformación aparece reflejada en distintos estudios realizados durante los últimos meses. Según un monitor de opinión correspondiente a agosto, los ingresos y salarios se ubicaron como la principal preocupación, con el 50,1% de las respuestas, seguidos por la incertidumbre económica, con 49,8%, y el desempleo, con 40,9%. La corrupción quedó en cuarto lugar, mientras que la inflación pasó al último puesto, con el 12,7%.
Desde la consultora que elaboró el relevamiento señalaron que la necesidad de contar con mayores ingresos dejó de ser una cuestión coyuntural y se convirtió en una problemática que se repite mes a mes. También remarcaron que el recurso al crédito para afrontar gastos de alimentos, salud y tarifas se concentra especialmente entre los sectores de menores recursos y los jóvenes, mientras que los datos de julio indicaron que el 86,6% de ese grupo necesita dos o más empleos para llegar a fin de mes.
La misma tendencia aparece en otros relevamientos, aunque con metodologías diferentes. El Monitor Sociopolítico y Electoral de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ubicó a la falta de trabajo y el desempleo como el principal problema del país, mencionado por el 61% de los encuestados, seguido por los bajos salarios, con el 57%.
Otro estudio sobre las preocupaciones sociales registró que la agenda laboral y económica concentra buena parte de las inquietudes. La falta de empleo alcanzó el 39%, los salarios insuficientes el 36%, mientras que la corrupción y la pobreza se ubicaron ambas en el 29%. En 2023, en cambio, la inflación, la corrupción, la inseguridad y los políticos aparecían entre las principales preocupaciones.
“Las inquietudes de los argentinos cambiaron desde noviembre de 2023. Esto influirá en la configuración de los candidatos para 2027”, señaló un economista.
Aunque la inflación continúa siendo un problema, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registra una variación interanual del 33,5%, por debajo de los niveles alcanzados durante la etapa de mayor aceleración. En diciembre de 2023, la inflación mensual había llegado al 25,5%, por lo que la dinámica de los precios mostró posteriormente una desaceleración.
Con la inflación y el dólar ocupando un lugar menor en las preocupaciones cotidianas, el debate se trasladó hacia la recuperación del poder adquisitivo y la generación de empleos de calidad. Un funcionario sostuvo que la inflación “ha pasado a un segundo o tercer plano en las preocupaciones de la gente” y vinculó ese cambio con el programa de estabilización, aunque señaló que todavía queda por discutir la velocidad del crecimiento.
En ese escenario, la evolución de la economía presenta diferencias marcadas entre sectores. La minería, la energía y el agro aparecen entre las actividades que registran récords de exportaciones, pero tienen una capacidad limitada para generar empleo, mientras que sectores industriales que atraviesan mayores dificultades concentran una parte importante de la demanda de trabajadores.
La desocupación llegó al 7,9% durante el segundo trimestre, el nivel más alto desde 2021. Al mismo tiempo, la informalidad alcanzó al 45% de los ocupados, también durante el segundo trimestre.
Desde una consultora económica advirtieron que no esperan una reversión de esta dinámica en el corto plazo y señalaron que el crecimiento de la actividad continúa siendo débil, irregular y dispar entre sectores, con mayor impacto sobre las actividades intensivas en mano de obra. Según su análisis, el ajuste podría continuar concentrándose en la calidad de los puestos de trabajo, con un aumento de la informalidad y del empleo independiente.
Otro relevamiento señaló que durante el último año se perdieron 83.000 empleos formales, mientras que los informales aumentaron en 348.000. Para esa consultora, la evolución muestra un deterioro de la calidad del empleo, pese a que el crecimiento del trabajo informal compensó la caída de los puestos registrados.
El escenario plantea un desafío para la política económica, que debe combinar distintos objetivos en un contexto de cambio en las prioridades sociales. Desde una consultora señalaron que el Gobierno priorizó la inflación hasta octubre de 2025, incorporó posteriormente una estrategia preventiva frente a la volatilidad electoral y relegó la recuperación de la actividad.
“El desafío reside en que el ánimo social está comenzando a dar cada vez más importancia a salarios, empleo y consumo, variables donde la mejora sigue siendo más frágil”, concluyeron desde la consultora.