La puesta en escena pareció salirse de control en dos sentidos. Por un lado, la reconstrucción incluyó un cañón, pese a que las fuentes historiográficas sostienen que ese elemento de artillería no se utilizó en la batalla. Por otro, el arma se disparó de manera accidental en plena actividad, frente a los participantes y los asistentes.
La jornada se realizó en Marcos Paz para conmemorar el 170 aniversario del enfrentamiento, librado a fines de enero de 1856. En aquel combate se enfrentaron exsoldados de las fuerzas de Juan Manuel de Rosas, el antiguo gobernador de Buenos Aires que había caído en desgracia tras la batalla de Caseros, cuatro años antes, y las tropas del naciente Estado de Buenos Aires, separado del poder ejercido por Justo José de Urquiza después de su victoria en Caseros.
Las milicias de Urquiza fueron enviadas y comandadas por Mitre, que en ese momento ocupaba el cargo de ministro de Guerra. De acuerdo con las fuentes historiográficas, el combate fue breve y desigual, y favoreció a las fuerzas de Urquiza y Mitre. En lugar de artillería, se habrían empleado armas blancas, entre ellas lanzas y cuchillos, además de caballería.
A pesar de ese antecedente, 170 años después los organizadores incorporaron a la recreación un cañón auténtico y operativo. El arma quedó bajo la responsabilidad de los recreacionistas mientras estos explicaban detalles de la batalla y de la época.
En medio de la explicación, dos participantes se movían alrededor del cañón y un niño intervenía en la escena. Los tres llevaban vestimenta de inspiración bélica, propia del período posterior a la época colonial. Uno de los recreacionistas, que no era quien relataba los hechos, tomó el taco con el que se introduce la carga de pólvora por la boca del arma.