“Lamentablemente, en 2027 vamos a tener tensión cambiaria. Nos guste o no nos guste, hay que estar preparados. El Banco Central cambió de política y compró casi 15.000 millones de dólares en lo que va del año”, afirmó Redrado.
El economista también cuestionó la postura oficial según la cual la escasez de pesos en la economía reduciría el riesgo de nuevas presiones cambiarias a medida que se acerquen las elecciones. “Dicen que no hay pesos en la economía porque ya se dolarizaron todos. Falso”, sostuvo.
En ese sentido, advirtió sobre los vencimientos de instrumentos emitidos por la Tesorería. Según detalló, hasta los comicios habrá compromisos por unos $200 billones, que podrían convertirse en una fuente de presión sobre el mercado cambiario. “Con un clic en el home banking, vos te salís de eso y es materia prima para una corrida”, alertó.
Para los próximos meses, Redrado consideró que será fundamental seguir dos variables: la acumulación de reservas y la evolución de la actividad económica. “Hay que mirar cuántos dólares tenemos entrando en marzo y si la economía finalmente arranca”, señaló.
En cuanto al aumento del riesgo país, restó importancia a la posibilidad de que esté explicado principalmente por factores políticos. “El riesgo kuka, si estuviera, depende de quién sea el candidato de la oposición, puede llegar recién para junio o julio del año que viene”, afirmó. En cambio, ubicó entre las principales preocupaciones las necesidades de divisas para afrontar los compromisos de deuda y la dolarización de carteras.
“El país tiene los dólares suficientes para hacer frente a la deuda que vence el año que viene. No me cabe duda de que este equipo económico va a hacer lo que sea necesario para pagarla, pero las necesidades de dólares que tiene la Argentina son financieras y por formación de activos externos o dolarización”, sostuvo.
En ese contexto, mencionó dos cifras: unos US$20.000 millones de deuda por pagar y US$33.200 millones de dolarización durante el período preelectoral de 2025. Para el economista, esa demanda de divisas constituye uno de los principales desafíos que deberá enfrentar la política económica.
Redrado también cuestionó las decisiones cambiarias adoptadas por el Gobierno en abril del año pasado, cuando se modificó el esquema de ajuste del tipo de cambio y se estableció un sistema de bandas. Según recordó, el ritmo de devaluación mensual había pasado del 2% al 1%, mientras que los límites de la banda se ubicaban entonces en $1.000 para el piso y $1.400 para el techo.
El exfuncionario señaló que había planteado al equipo económico la necesidad de definir con anticipación cómo intervendría el Banco Central para comprar divisas y qué estrategia aplicaría ante un escenario de presión sobre el límite superior de la banda.
Según relató, algunos funcionarios sostenían que el organismo comenzaría a comprar dólares cuando la cotización llegara al piso de $1.000, pese a que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional permitía intervenir dentro del rango de $1.000 a $1.400. El Gobierno, de acuerdo con su reconstrucción, había optado por esperar a que el tipo de cambio descendiera hasta el límite inferior.
Ese escenario finalmente no se concretó y, según Redrado, la falta de acumulación de reservas dejó al Banco Central sin margen suficiente frente a las tensiones cambiarias del período preelectoral. “El Banco Central llegó desnudo, por no decirlo de otra manera, al período preelectoral. ¿Qué tuvo que hacer entonces? Subir la tasa de interés a las nubes. Eso fue lo que empezó a multiplicar el problema de mora”, afirmó.
Para el expresidente del organismo, el encarecimiento del crédito fue uno de los factores que contribuyeron al deterioro de los pagos. También vinculó el aumento de la morosidad con la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, que avanzaron por debajo de la inflación.
“El problema de mora es por baja en salarios que van por detrás de la inflación y una tasa de interés que el Banco Central la llevó a las nubes para que la gente no se fuera al dólar, sino que se quedara en pesos”, explicó.
Por último, cuestionó la interpretación oficial sobre el incremento de la morosidad de los préstamos al sector privado, que llegó a ubicarse cerca del 13%. Frente a la explicación de que se trata de un problema entre privados, Redrado sostuvo que el Gobierno también tiene responsabilidad por las decisiones económicas que contribuyeron a generar ese escenario.
“Cuando a mí los funcionarios me dicen que es un problema de privados contra privados, yo les digo que alguna cuota de responsabilidad tienen, porque la política del año pasado llevó a esta situación y han decidido no hacer absolutamente nada”, concluyó.